05 mayo 2008

Vivir con miedo
Reseña de "Todos estamos invitados"


La última película de Manuel Gutiérrez Aragón es valiente, comprometida y bienintencionada. Verla nos ayuda, si no a conocer, por lo menos a empatizar más con el llamado “problema vasco”. Pero, por desgracia, en el apartado estrictamente cinematográfico se queda corta y, sin llegar a ser una mala cinta, tiene algunos problemas que le restan credibilidad.

El film logra reflejar perfectamente que la situación de crispación continua vivida en el País Vasco no se circunscribe solamente a los ámbitos político y policial, sino que se extiende por toda la sociedad. La idea de utilizar un club gastronómico como entorno en el cual el protagonista sufrirá la primera amenaza de muerte es magistral, ya que ese ámbito tan tradicional sirve perfectamente como metáfora de Euskadi: un espacio en el que unos agreden, otros son agredidos, y el resto mira para otro lado, lo cual los convierte en cómplices por omisión.

La tesis del film es que la violencia de ETA puede afectar a cualquier persona; en ese sentido, el título de la película es muy elocuente: “Todos estamos invitados”, es decir, las amenazas nos pueden tocar a cualquiera de nosotros. El problema es que la pareja protagonista, un galán como José Coronado y una belleza italiana como Vanessa Incontrada, no casan con lo que podríamos entender como personas normales. El mensaje calaría más hondo si los protagonistas parecieran menos estrellas de cine y más gente de a pié. Y que conste que esto no es una crítica al trabajo de ambos intérpretes, porque lo hacen francamente bien; es un error de casting.


En cambio, la representación de los violentos está más lograda: Iñaki Miramón tiene un físico menudo y de aire inofensivo, y sin embargo es el que profiere a Coronado la impactante amenaza “disfruta las cocochas porque serán las últimas que te vas a comer en tu vida”. Hubiera sido un error poner a un actor con cara de villano, porque eso iría en contra de la idea de la película, es decir, que la violencia terrorista es un hecho común protagonizado por personas comunes. Por su parte, Óscar Jaenada sabe resolver el papel de terrorista amnésico que bascula entre la confusión y la ideología.

Tampoco ayuda a la credibilidad de la cinta una banda sonora del usualmente inspirado Ángel Illarramendi, que en esta ocasión llega a ser totalmente intrusivo en un par de escenas (el paseo por la playa y la persecución final). En general, la música, muy bella considerada en sí misma, resulta demasiado melódica, y a esta cinta le iba mejor una banda sonora más crispante.

La película no posee alardes fotográficos, y se aprecia cierta precipitación en la progresión dramática, no sé si a causa del montaje o del guión (probablemente una combinación de ambos). El caso es que a veces da la sensación de que las cosas suceden porque sí, o no se aportan demasiados detalles de lo ocurrido.


En suma, una cinta con buenas ideas e intenciones que se ve malograda por una ejecución que se queda a medias. Aún así, recomiendo a todo el mundo que la vea, aunque es un consejo más movido por el civismo que por la cinefilia.

(Foto: Óscar Jaenada en un fotograma de la película)

1 comentario:

jairo dijo...

Coincido totalmetne, y añadiría dos cosas más:
- ¿Qué aporta a la historia que la novia del protagonista sea una ¡italina!? Si lo de la coproducción te obliga a hacer estas cosas, al menos modifica el personaje y dale un sentido el hecho que sea extranjera.
- La escena final salva la película de puro buena que es.

Como dijo un amigo al salir de verla, parece que los directores de la generación de Guitérrez Aragón sufren un proceso regresivo, y estas películas que hacen ahora parecen las irregulares y bienintencionadas pero fallidas operas primas de futuros directores... han perdido toda su capacidad de narrar historias