Durante la transición española se tuvo exquisito cuidado en no herir susceptibilidades. “Libertad sin ira”, un buen resumen del espíritu de aquel proceso para restaurar la democracia sin tocarle demasiado los huevos a los acólitos del antiguo régimen, por si acaso se volvían a encabritar. Y la cautela no era vana, como demostraría Tejero pocos años después.
El Franquismo fue un régimen devastador, causante de muerte, exilio, rencor, oscurantismo, injusticias de toda ralea, y que sumió a España en 40 años de atraso de los que aún no nos hemos recuperado. El problema es que nunca desapreció por completo, sus tentáculos se han extendido incluso a nuevas generaciones, y se ha formulado un pacto tácito para olvidar todo aquello y dejarlo como estaba.
Pero la justicia ha ido poco a poco reclamando el protagonismo que se le negó en su día. Y por eso, las cosas no se pueden dejar así. Es necesario que se proclame institucionalmente que el Franquismo fue un régimen criminal, como lo fueron el nazismo o el estalinismo. Es imprescindible que así se reconozca por una pura cuestión de higiene moral.
Baltasar Garzón tiene un ego más grande que el estadio de Maracaná. Le encanta ser el rey del mambo, el macho que más mea, el chupacámaras number one. Creo que a todos nos cae fatal el hombre. Pero ello no es óbice para reconocer que en este caso, el tío le ha puesto un par y ha hecho lo que se debía haber hecho hace años.
A Garzón le tendrían que conceder una medalla, darle un Príncipe de Asturias o dedicarle una avenida en todas las ciudades del reino. Pero como estamos en España, país del surrealismo, la picaresca y el esperpento, aquí lo que hacen es procesarlo. Para más cachondeo, denunciado por una organización filo franquista.
Lo malo es que parece que el único interesado en hacer justicia de verdad es él. Si a Garzón no le dejan, ¿acaso no hay más jueces dispuestos a seguir su senda? En serio: España lo necesita.
10 septiembre 2009
26 julio 2009
Fimucité: Los compositores hablan (I)
En las siguientes entradas intentaré resumir algunas ideas que expresaron los compositores invitados a Fimucité 3, ya fuera en sus conferencias individuales del jueves 23 de julio, como en la mesa redonda que se celebró al día siguiente. No es una crónica exhaustiva, y aviso que me faltan algunos testimonios ya que, por razones organizativas, tuve que ausentarme de la sala de TEA en más ocasiones de las que hubiera querido. Asimismo, siento no tener fotos de las conferencias: llevé la cámara pero olvidé comprobar si tenía batería. ¡Y no tenía!
Clint Mansell
El compositor estuvo acompañado por Brian Emrich, bajista en el concierto del miércoles 22 y también diseñador de sonido en las películas de Darren Aronofsky. Una de esas “cuestiones organizativas” a las que me referí hace un momento fue irle a buscar una cerveza a Masnsell, ya que al perecer la prefería al agua sin gas que le habían puesto en la mesa. Cuando entré a la sala con la botella en la mano, se viró hacia mi y dijo: “Oh, I think that’s for me”, lo cual le valió una ovación.
Mansell comentó que la elección de la música electrónica para Pi obedecía, básicamente, a que era el estilo con el que se sentía más seguro en aquella época. Poco a poco ha ido profundizando en formaciones cada vez mayores, pero dejó entrever que la electrónica iba a seguir siendo siempre una referencia en su estilo.
Sobre la música de La fuente de la vida, reveló que cuando el proyecto iba a ser una superproducción con Brad Pitt y Cate Blanchett, empezó a componer para una formación orquestal muy amplia. Pero cuando el proyecto se redujo de escala y se orientó hacia un lenguaje más íntimo, convino con el director en que la música debía reducirse igualmente, lo cual explica el (excelente) resultado final.
Sobre cuál era su trabajo favorito, señaló muy diplomáticamente que no suele volver mucho la vista atrás, y que cuando finaliza un proyecto está contento por haberlo podido terminar y ya está pensando en el siguiente, por lo que no tiene mucho tiempo para revisar su obra anterior.
El público le preguntó por el posible proyecto de Darren Aronofsky para dirirgir una nueva versión de Robocop. Mansell aclaró que sólo es un proyecto, que no hay nada definitivo, peor que, obviamente, le gustaría participar.
Mark Snow
El compositor parecía bastante asombrado por todo el asunto del festival, y también estaba claro que era una persona bastante tímida, aunque también con bastante sentido del humor: se ganó al público cuando recordó los inicios de su carrera, a mediados de los setenta: “Acababa de llegar desde Nueva York a California, y no lograba ningún encargo. Así que me pasaba todo el día en la playa fumando hierba”.
Recordó sus primeros trabajos televisivos para series como Hart y Hart, Starsky y Hutch o Falcon Crest, los cuales reconoció que, vistos ahora, pueden resultar “un poco cursis”. Así que la llegada de Chris Carter con el proyecto Expediente X fue un soplo de aire fresco.
Para crear el famoso tema principal, el productor le envió una serie de CDs con la música que pensaba que debía marcar la pauta. Tras cuatro temas infructuosos, Snow pidió que le dejara intentarlo a su manera. Según cuenta, dio con la famosa melodía en aproximadamente una hora, en parte porque el teclado tenía seleccionado el efecto eco cuando se sentó a escribir, y ese sonido le inspiró.
Snow contó divertido la primera reunión con los ejecutivos de la Fox para enseñarles el tema: puso la música a cuatro de ellos que en ningún momento le dijeron nada concluyente y se pasaban la pelota unos a otros: “Esto es… es… ¿tu que piensas, Phil?”. Dos meses después, cuando el tema era un éxito popular, se encontró de nuevo con esos ejecutivos, que tuvieron el morro de comentarle: “¿Recuerdas que te dijimos que ese tema era especial?”.
El compositor rememoró que cuando empezó a trabajar todo se hacía a mano, escribiendo sobre papel lo que se tocaba al piano. En 1996 llegaron los primeros sintetizadores conectados a ordenadores, y muchos compositores, como él, dieron el paso a adquirirlos y crear estudios en sus casas. Snow considera que esa decisión fue un acierto, ya que prácticamente todo su trabajo para televisión lo realiza en su propio hogar.
Evidentemente, el sonido de sintetizador es más “pequeño” que el de una orquesta, por lo que uno de los desafíos profesionales que tuvo que afrontar fue la composición de la banda sonora de la primera película de Expediente X, que al ser para cine, exigía un sonido más ampuloso. “Tuve que demostrar a los ejecutivos que era capaz de escribir para una orquesta”.
Preguntado acerca de cuál fue la música que le hizo pensar en ser compositor de música para cine, recordó El planeta de los simios de Jerry Goldsmith. “Cuando escuché en el cine algo tan experimental y arriesgado, me pregunté: ¿De verdad dejan hacer esto en Hollywood? Por eso para mí es muy especial poder dirigir dos piezas de esta partitura en Fimucité”. Así lo hizo el sábado 25 de julio, y muy bien, por cierto.
Clint Mansell
El compositor estuvo acompañado por Brian Emrich, bajista en el concierto del miércoles 22 y también diseñador de sonido en las películas de Darren Aronofsky. Una de esas “cuestiones organizativas” a las que me referí hace un momento fue irle a buscar una cerveza a Masnsell, ya que al perecer la prefería al agua sin gas que le habían puesto en la mesa. Cuando entré a la sala con la botella en la mano, se viró hacia mi y dijo: “Oh, I think that’s for me”, lo cual le valió una ovación.
Mansell comentó que la elección de la música electrónica para Pi obedecía, básicamente, a que era el estilo con el que se sentía más seguro en aquella época. Poco a poco ha ido profundizando en formaciones cada vez mayores, pero dejó entrever que la electrónica iba a seguir siendo siempre una referencia en su estilo.
Sobre la música de La fuente de la vida, reveló que cuando el proyecto iba a ser una superproducción con Brad Pitt y Cate Blanchett, empezó a componer para una formación orquestal muy amplia. Pero cuando el proyecto se redujo de escala y se orientó hacia un lenguaje más íntimo, convino con el director en que la música debía reducirse igualmente, lo cual explica el (excelente) resultado final.
Sobre cuál era su trabajo favorito, señaló muy diplomáticamente que no suele volver mucho la vista atrás, y que cuando finaliza un proyecto está contento por haberlo podido terminar y ya está pensando en el siguiente, por lo que no tiene mucho tiempo para revisar su obra anterior.
El público le preguntó por el posible proyecto de Darren Aronofsky para dirirgir una nueva versión de Robocop. Mansell aclaró que sólo es un proyecto, que no hay nada definitivo, peor que, obviamente, le gustaría participar.
Mark Snow
El compositor parecía bastante asombrado por todo el asunto del festival, y también estaba claro que era una persona bastante tímida, aunque también con bastante sentido del humor: se ganó al público cuando recordó los inicios de su carrera, a mediados de los setenta: “Acababa de llegar desde Nueva York a California, y no lograba ningún encargo. Así que me pasaba todo el día en la playa fumando hierba”.
Recordó sus primeros trabajos televisivos para series como Hart y Hart, Starsky y Hutch o Falcon Crest, los cuales reconoció que, vistos ahora, pueden resultar “un poco cursis”. Así que la llegada de Chris Carter con el proyecto Expediente X fue un soplo de aire fresco.
Para crear el famoso tema principal, el productor le envió una serie de CDs con la música que pensaba que debía marcar la pauta. Tras cuatro temas infructuosos, Snow pidió que le dejara intentarlo a su manera. Según cuenta, dio con la famosa melodía en aproximadamente una hora, en parte porque el teclado tenía seleccionado el efecto eco cuando se sentó a escribir, y ese sonido le inspiró.
Snow contó divertido la primera reunión con los ejecutivos de la Fox para enseñarles el tema: puso la música a cuatro de ellos que en ningún momento le dijeron nada concluyente y se pasaban la pelota unos a otros: “Esto es… es… ¿tu que piensas, Phil?”. Dos meses después, cuando el tema era un éxito popular, se encontró de nuevo con esos ejecutivos, que tuvieron el morro de comentarle: “¿Recuerdas que te dijimos que ese tema era especial?”.
El compositor rememoró que cuando empezó a trabajar todo se hacía a mano, escribiendo sobre papel lo que se tocaba al piano. En 1996 llegaron los primeros sintetizadores conectados a ordenadores, y muchos compositores, como él, dieron el paso a adquirirlos y crear estudios en sus casas. Snow considera que esa decisión fue un acierto, ya que prácticamente todo su trabajo para televisión lo realiza en su propio hogar.
Evidentemente, el sonido de sintetizador es más “pequeño” que el de una orquesta, por lo que uno de los desafíos profesionales que tuvo que afrontar fue la composición de la banda sonora de la primera película de Expediente X, que al ser para cine, exigía un sonido más ampuloso. “Tuve que demostrar a los ejecutivos que era capaz de escribir para una orquesta”.
Preguntado acerca de cuál fue la música que le hizo pensar en ser compositor de música para cine, recordó El planeta de los simios de Jerry Goldsmith. “Cuando escuché en el cine algo tan experimental y arriesgado, me pregunté: ¿De verdad dejan hacer esto en Hollywood? Por eso para mí es muy especial poder dirigir dos piezas de esta partitura en Fimucité”. Así lo hizo el sábado 25 de julio, y muy bien, por cierto.
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Fimucité: Concierto de Clint Mansell
El pasado miércoles 22 de julio el Teatro Leal de La Laguna acogió, dentro de los actos del III Festival Internacional de Música de Cine de Tenerife Fimucité 3, el concierto que el británico Clint Mansell ofreció con algunas de sus composiciones para cine. Lo primero que me llamó la atención es la heterodoxa formación orquestal utilizada: un cuarteto de cuerda (el Sonus Quartet de Los Angeles), una batería, un piano de cola, bajo y guitarras eléctricas, y un sintetizador conectado a un ordenador que manejaba el propio compositor.
El estilo de Mansell puede que no sea para todos los públicos, ya que algunas personas podrán considerarlo un poco pesado. No creo que se lo pueda considerar minimalista en sentido estricto, si bien es cierto que la estructura de su música, basada en frases sencillas que se repiten una y otra vez aumentando poco a poco la instrumentación, recuerda a músicos como Glass, Nyman, Mertens y los “sospechosos habituales”.
Mansell es el compositor fetiche (prometo no utilizar más tópicos) del director Darren Aronofsky, cuyas películas tendentes a las situaciones tremendistas o dramáticamente intensas exigen una música igualmente arrebatada. En este sentido, la combinación de las cuerdas -que normalmente se asocian a la música más sentimental- con una percusión contundente, logran crear ese peculiar estado de ánimo que oscila entre la melancolía y el desasosiego. Por ello, la labor de Mansell como compositor de cine es, en este sentido, ejemplar, ya que logra dotar a las imágenes del tono anímico perfecto (lo cual no es siempre fácil en las películas de Aronofsky).
Pero, como es habitual en la música de cine (que, no lo olvidemos, está concebida para apoyar a unas imágenes concretas), siempre queda la duda de cómo sonará de manera autónoma. Y en este caso, la verdad es que sonó muy bien. El concierto alternó piezas lentas y de aire melancólico con otras más furiosas y crispantes; en ese sentido, el tema “Meltdown” de la banda sonora de Réquiem por un sueño, con esos violines chirriantes, fue uno de los puntos fuertes del recital.
Sin embargo, lo mejor para mi gusto fueron las piezas de La fuente de la vida (probablemente su mejor obra hasta la fecha), Pi (en una versión que incorporó cuarteto de cuerda al frenético ritmo trip-hop del original), su nuevo trabajo Moon, y la sorpresa de la noche: la música para un cortometraje cuyo título mencionó pero soy incapaz de recordar.
Por contra, su tema más conocido, el que todos esperaban escuchar, “Lux Aeterna” de Réquiem por un sueño, sonó bastante apagado. Puede que sean imaginaciones mías, pero me dio la sensación de que Mansell está un poco harto de él (a pesar de que es excelente), y se limitó a ventilarlo rapidito para dejar a todos contentos, y a otra cosa mariposa.
Tampoco me apreció acertado que terminara el recital con la música de El luchador. En este caso, se trata de una composición muy sencilla, basada en la guitarra eléctrica que, en la película logra dotar de ese aire tristón que precisa la historia de este perdedor interpretado por Mickey Rourke, pero musicalmente es bastante simple y poco llamativa. La pieza en cuestión podría haber funcionado en otra parte del recital, pero como final se quedó corta, pues a pesar de que termina con un crescendo pretendidamente climático, lo cierto es que había en el programa piezas más poderosas para terminarlo de manera redonda.
El detalle frívolo de la velada lo puso, muy a su pesar, Caroline Campbell, una de las violinistas del Sonus Quartet, cuya belleza provocó comentarios a la salida del concierto y silbidos de admiración cuando Mansell presentó a la banda al final de la actuación. Lo cierto es que por lo que he podido comprobar, la chica es toda una virtuosa.
El concierto ha logrado bastante repercusión, e incluso la versión digital de el diario El País llegó a publicar un vídeo del recital. Ya sabemos que es raro que un periódico madrileño se digne reseñar un evento cultural que no suceda en la capital del reino o Barcelona, por lo que esta publicación es una prueba evidente de que Mansell, pese a que podría considerars eun autor minoritario, es uno de los creadores musicales más interesantes de los últimos años.
El estilo de Mansell puede que no sea para todos los públicos, ya que algunas personas podrán considerarlo un poco pesado. No creo que se lo pueda considerar minimalista en sentido estricto, si bien es cierto que la estructura de su música, basada en frases sencillas que se repiten una y otra vez aumentando poco a poco la instrumentación, recuerda a músicos como Glass, Nyman, Mertens y los “sospechosos habituales”.
Mansell es el compositor fetiche (prometo no utilizar más tópicos) del director Darren Aronofsky, cuyas películas tendentes a las situaciones tremendistas o dramáticamente intensas exigen una música igualmente arrebatada. En este sentido, la combinación de las cuerdas -que normalmente se asocian a la música más sentimental- con una percusión contundente, logran crear ese peculiar estado de ánimo que oscila entre la melancolía y el desasosiego. Por ello, la labor de Mansell como compositor de cine es, en este sentido, ejemplar, ya que logra dotar a las imágenes del tono anímico perfecto (lo cual no es siempre fácil en las películas de Aronofsky).
Pero, como es habitual en la música de cine (que, no lo olvidemos, está concebida para apoyar a unas imágenes concretas), siempre queda la duda de cómo sonará de manera autónoma. Y en este caso, la verdad es que sonó muy bien. El concierto alternó piezas lentas y de aire melancólico con otras más furiosas y crispantes; en ese sentido, el tema “Meltdown” de la banda sonora de Réquiem por un sueño, con esos violines chirriantes, fue uno de los puntos fuertes del recital.
Sin embargo, lo mejor para mi gusto fueron las piezas de La fuente de la vida (probablemente su mejor obra hasta la fecha), Pi (en una versión que incorporó cuarteto de cuerda al frenético ritmo trip-hop del original), su nuevo trabajo Moon, y la sorpresa de la noche: la música para un cortometraje cuyo título mencionó pero soy incapaz de recordar.
Por contra, su tema más conocido, el que todos esperaban escuchar, “Lux Aeterna” de Réquiem por un sueño, sonó bastante apagado. Puede que sean imaginaciones mías, pero me dio la sensación de que Mansell está un poco harto de él (a pesar de que es excelente), y se limitó a ventilarlo rapidito para dejar a todos contentos, y a otra cosa mariposa.
Tampoco me apreció acertado que terminara el recital con la música de El luchador. En este caso, se trata de una composición muy sencilla, basada en la guitarra eléctrica que, en la película logra dotar de ese aire tristón que precisa la historia de este perdedor interpretado por Mickey Rourke, pero musicalmente es bastante simple y poco llamativa. La pieza en cuestión podría haber funcionado en otra parte del recital, pero como final se quedó corta, pues a pesar de que termina con un crescendo pretendidamente climático, lo cierto es que había en el programa piezas más poderosas para terminarlo de manera redonda.
El detalle frívolo de la velada lo puso, muy a su pesar, Caroline Campbell, una de las violinistas del Sonus Quartet, cuya belleza provocó comentarios a la salida del concierto y silbidos de admiración cuando Mansell presentó a la banda al final de la actuación. Lo cierto es que por lo que he podido comprobar, la chica es toda una virtuosa.
El concierto ha logrado bastante repercusión, e incluso la versión digital de el diario El País llegó a publicar un vídeo del recital. Ya sabemos que es raro que un periódico madrileño se digne reseñar un evento cultural que no suceda en la capital del reino o Barcelona, por lo que esta publicación es una prueba evidente de que Mansell, pese a que podría considerars eun autor minoritario, es uno de los creadores musicales más interesantes de los últimos años.
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