02 abril 2006

Vuelve Charito Piedra

No. No he visto Instinto Básico 2, y la verdad es que no tengo la menor intención de hacerlo en breve. Probablemente lo haga cuando alguna cadena ose emitirla. Es uno de esos proyectos que ya sobre el papel apestan. Y cuando ves que uno de los trailer vistos en cine consiste en imágenes fijas con letreritos, como si a los productores les diera vergüenza enseñar el material, mala cosa. (En Internet también se ha visto un metraje supuestamente robado con todos los desnudos del filme. ¿Robado? ¡Ja! Marketing patético do los haya).

Es una pena que una película como la primera parte haya sido merecedora de una secuela que al parecer es tan lamentable. Porque no nos engañemos, morbos y desnudos aparte, Instinto Básico es, en mi modesta opinión, una gran película. Hasta ahora se había hablado en el cine sobre obsesión, pasión y amor fatal, pero creo que la película de Paul Verhoeven es la primera en hablar sobre eso que se llama el “encoñamiento”.

Nick Curran (Michael Douglas) es un policía pasado de rosca. Ha matado inocentes, ha sido alcohólico, drogadicto y, como vemos en algunos encuentros con su novia psicóloga, le va el sexo dominante y desbocado. Vamos, es un tipo que cree saberlo todo del lado oscuro de la vida, alguien difícil de sorprender. Y en esto que aparece Catherine Tramell (Sharon Stone) y hace lo imposible: le rompe los esquemas.

La gracia de Instinto Básico es que en todo momento Curran sabe que la protagonista es la asesina, una auténtica mantis religiosa que utiliza a los hombres como meros proveedores de placer y, cuando se cansa, los asesina. Y a pesar de ello, acepta ir directo al matadero. Lo que siente no es amor, aunque al final del film se autoengaña haciendo con Catherine planes de futuro propios de una relación romántica, para no reconocer la animalidad irracional de su conducta.

Pero el sexo es la única razón de ser de la relación. Y tanto el espectador como el policía saben que todo terminará con un picahielos en su yugular. Pero aún así, Curran está tan de vuelta de todo que le da igual morir así. Lo dicho: la historia de un tipo que se encoña hasta el final.

La película, además de ese morboso y fatalista argumento, destacaba por la vigorosa puesta en escena de Paul Verhoeven, un director cuyo estilo se podría calificar de tremendista: cuando en sus películas muere alguien, es de manera dolorosa y violenta; y si hay sexo, es incendiario. Es un cineasta atrevido, y desde luego no apto para filmar cualquier historia. Pero Instinto Básico se adaptaba como un guante a su estilo duro y sensual.

Y el remate final era la magistral partitura del añorado Jerry Goldsmith. El sinuoso tema principal ilustra mejor que nada la ambigüedad de la historia y de Catherine Tramell. Y si aún quedan dudas sobre la culpabilidad de la protagonista, oigan la música que suena durante el mítico encuentro sexual con el policía: los cuerpos se contorsionan de placer, pero la melodía no sugiere erotismo o sensualidad, sino suspense. El momento del orgasmo coincide con un crescendo orquestal terrorífico, porque externamente es una escena sexual, pero en esencia es la primera fase de un asesinato.

De la segunda parte no se puede esperar gran cosa, para empezar porque el director, Michael Caton-Jones, es un peso pluma cuya película más reconocida es la aburrida Chacal, aquella de Bruce Willis disfrazado. Y porque Sharon Stone no lo ha hecho porque crea artísticamente en el proyecto, sino porque, tras intentar infructuosamente labrarse una carrera prestigiosa, esta secuela supone su penúltimo cartucho de notoriedad.

Sinceramente, tras haber sido la villana de la lamentable Catwoman y ahora esta secuela hecha por pura avaricia, Charito Piedra va a tener que dar una gran campanada para recuperar la escasa credibilidad que una vez tuvo. Lo mejor que podría haber hecho para su carrera es dejar el picahielos en la funda.

1 comentario:

Emilio dijo...

Pienso también que Instinto básico es una buena película. La verdad es que no tenía intención de ver la secuela. Charito es flor de un día, mira bien, es guapa, pero elige muy mal sus papeles. Y es que la chica no da más. Al menos Kim bassinger logró pillar un Osacr en L.A. Confidential. Lo merecía. Y se acabó. La verdad es que Rita Hayworth tampoco hizo mucho más que Gilda, y eso que Orson Welles quiso hacerla una actriz en La dama de Shangai. Vano intento.