05 abril 2006


Reseña: Volver, de Pedro Almodóvar

En la mítica entrevista mantenida entre François Truffaut y Alfred Hitchcock, el director británico explica el concepto de "run for cover", que literalmente vendría a traducirse más o menos como “correr para guarecerse”. Se aplica a las obras que suponen una vuelta a temáticas y estéticas que ya habían sido abordadas con éxito por sus autores en ocasiones anteriores, y que generalmente son nuevamente transitadas tras un batacazo crítico o comercial. La consigna es: “tras un palo, juega sobre seguro”. Pues bien, creo que Volver es el particular “run for cover” que ha hecho Almodóvar para curarse la pupita que le hicieron por La mala educación.

La nueva película del manchego es una especie de “grandes éxitos de Almodóvar”, en la que los fans del director encontrarán más o menos todo lo que esperan de una película de Almodóvar: supuesta reivindicación feminista (que realmente esconde cierta misoginia), estética tendente a lo kitsch, amores y pasiones abrumadoras combinadas con escenas mundanas y costumbristas, argumentos rocambolescos, presencia de música popular, estética demasiado cuidada (casi se podría hablar de sobrediseño), ramalazos de humor con toques absurdos, personajes femeninos fuertes… todo eso está en Volver, pero cocinadito para el gran público (es decir, que elementos fuertes/desagradables/polémicos que existían en otras cintas del autor han sido atemperados o directamente eliminados).

La película es técnicamente impecable, con actuaciones muy destacables de Carmen Maura (lógico), Blanca Portillo (lógico), Lola Dueñas (lógico) y Penélope Cruz (¡sorpresa!). Almodóvar, además, sigue siendo un maestro de la dramaturgia, en el sentido de que consigue hacer verosímiles historias que, analizadas fríamente, no tienen ni pies ni cabeza o son decididamente increíbles. Y si no me creen, hagan la prueba: intenten contarle a alguien el argumento de Todo sobre mi madre, Hable con ella o esta Volver. Es imposible, sin embargo no somos conscientes de ello durante la proyección.

Un punto negativo, común a todas las cintas del director, es el ya mencionado exceso de diseño: lo siento, pero no me creo que Penélope Cruz sea una chica de barrio de origen rural, por muy terrenal que me la quieran poner. Cuando la miro, veo a una pijita disfrazada de chica humilde. ¿Y qué me dicen de los títulos de crédito de Juan Gatti al final? Muy monos, es verdad, pero contrarios al espíritu de la película: demasiado sofisticados para la historia narrada. Por no ser tan negativo, cabe destacar la partitura de Alberto Iglesias, con momentos geniales como la escena en que la hija de Penélope Cruz relata el parricidio que acaba de cometer: la música no ilustra lo que se ve (dos mujeres hablando más o menos asustadas) sino la escena que el personaje cuenta (un intento de violación y posterior asesinato). Magnífico. Eso sí, la versión de Estrella Morente del mítico Volver del aún más mítico Gardel transita entre la ridiculez y el patetismo: ¡qué manía de aflamencarlo todo! Por supuesto, se hinchará a vender CD (que de eso se trataba).

La sensación que he tenido al salir del cine es la de una total y absoluta falta de frescura, y la sospecha de que el Almodóvar más empresarial se escondió tras la cámara, explotando los tópicos que se esperan de él, sabedor de que serán muchos los que le rían la gracia argumentando “rasgos autorales”. Vamos, justo la misma jugada de Wong Kar Wai, que tras la maravillosa Deseando amar se sacó de la manga aquella cosa de 2046, que parecía un film hecho con descartes de su anterior obra maestra.

La mala educación, su anterior película, era menos redonda que esta, pero más arriesgada y artísticamente honesta. En aquella ocasión, tras haber ganado premios a mansalva con la excelente Todo sobre mi madre y la execrable Hable con ella, Almodóvar decidió dar un giro en su carrera y explorar nuevas vías. La cinta se centraba en personajes masculinos, tenía apuntes biográficos más marcados, e incluso se atrevía a jugar con la estructura narrativa del guión, con saltos temporales y mezcla de ficción y realidad incluida. Además, era un film duro de ver que desasosegaba al espectador. Almodóvar venía de saborear las mieles del éxito con películas “de llorar”, en las que se sufría mucho, pero el espectador salía reforzado. Por el contrario, La mala educación se asemejaba más a una patada en los cojones cinematográfica, y no es lo que el espectador medio llama una “película bonita”.

Tras haber alcanzado el reconocimiento mundial, el manchego decidió arriesgarse a cosas nuevas, en lugar de apoltronarse en el pedestal. El resultado fue una obra imperfecta, pero totalmente loable desde el punto de vista de la ética creadora. En cambio, Volver supone un paso atrás, o mejor aún, una repetición intencionada de sus temas trillados, con el fin de contentar a sus fans dándoles la carnaza que esperaban. En ese sentido, el título puede interpretarse como una declaración del propio Almodóvar diciéndole a sus acérrimos seguidores: “chicos, tranquilos, que ya me dejo de cosas raras y vuelvo a lo mío”.

Sospecho que con los años La mala educación será revalorizada, mientras que Volver se perderá en la nebulosa que ya anega merecidamente a cosas como Carne trémula o La flor de mi secreto.

(Foto: Web oficial de la película)

1 comentario:

Emilio dijo...

Discrepo en lo de LA MALA EDUCACIÓN. Cierto es que hubo riesgo artístico, pero eso no la salva. Es un paquete integral, y no creo que se revalorice. En lo demás, muy de acuerdo, Almodóvar es una industria y tiene que dar beneficios. Yo sí creo que ATAME fue arriesgada y por lo menos tenía cierta coherencia. Esa sí creo que se revalorizará con el tiempo, y creo también que es el mejor Antonio Banderas que he visto.