09 marzo 2008

Europa perreará

La conjura de Buenafuente se ha consumado, y su acólito Rodolfo Chiquilicuatre será quien represente a España en ese magno evento musical que es el Festival de Eurovisión. La noticia parece una tontería, pero propicia unas cuantas preguntas interesantes. La primera es la propia pervivencia del festival: seamos honestos, puede que en los años sesenta la ceremonia tuviera nivel, pero desde hace décadas, es una cita engorrosa a la que acuden las televisiones nacionales por tradición más que por verdadero interés. Prueba de ello es la ínfima nivel de todos los representantes durante las últimas citas. Si de verdad Eurovisión fuera ese excelso espectáculo melódico que se supone que es, lo lógico es que las estrellas más importantes de cada país se pelearan por acudir, y no es el caso.

Ante la elección de Chiquilicuatre, alter ego del cómico David Fernández, tengo sentimientos ambivalentes. Por un lado, dado que mi opinión sobre Eurovisión es muy pobre, en el fondo me alegra el triunfo de este personaje, ya que es una manera de evidenciar aún más lo ridículo y anacrónico que es el festival. Pero, por otra parte, entiendo que había muchos músicos amateur que veían en esta convocatoria una oportunidad de promoción, y han visto mermadas sus expectativas a causa de la irrupción de este personaje.


En todo caso, Rodolfo Chiquilicuatre nos sirve para reflexionar sobre el poder de la promoción frente al criterio del público, ya que es la demostración más rotunda que recuerdo de algo que todos sabíamos pero que nunca había quedado tan claro como hasta ahora: que un producto musical (o cinematográfico, o literario, o de lo que sea) que esté bien promocionado, logrará el éxito comercial independientemente de su calidad. Cualquier persona con dos dedos de frente sabe que el "Chiki-chiki" no llega ni siquiera a categoría de canción, a pesar de que su melodía la firma Pedro Guerra y su letra Santiago Segura. Es una gracieta que, si se hubiera quedado en mero sketch cómico, hubiera estado muy bien, pero planteársela seriamente es otro cantar. Pero ha logrado imponerse a otras canciones objetivamente mejores porque detrás ha tenido a Buenafuente y La Sexta haciéndole promoción diaria. La canción es divertida pero, si el mismo personaje y la misma tonadilla se hubiera presentado sin este apoyo mediático, seguro que a quienes la votaron con tanta alegría no les habría hecho la misma gracia, y ni siqueira se habría clasificado.


El éxito de Chiquilicuatre, pues, nos sirve como argumento para poner en duda el panorama música en general. ¿Cuántos discos superventas no habrán alcanzado el éxito gracias al apoyo mediático más que a sus cualidades intrínsecas? Engendros como la Macarena, el tractor amarillo, el Aserejé, la bomba o la inquietante y reciente reivindicación de Pepe Benavente son los casos más evidentes pero, si nos ponemos, seguro que apreciamos que otros grupos y cantantes en la cima también están ahí por ese apoyo mediático. Porque, en serio, ¿de verdad el "Papito" de Miguel Bosé es el mejor disco español de 2007? ¿En serio Alejandro Sanz es tan bueno? ¿Y Bisbal? Creo que, como Rodolfo Chiquilicuatre, son el producto de una buena promoción apoyada por los grandes grupos mediáticos.

Mientras, cientos de grupos se desgañitan en locales mugrientos sin tener acceso a esos canales de difusión y distribución. Entre los melómanos convencidos existe la noción de que para acceder a la verdadera música de calidad hay que alejarse de lo que ofrezcan las radiofórmulas y las listas de éxitos. Puede que sea una postura algo elitista, y tampoco vamos a condenar todo lo que tiene éxito, ya que en esa esfera también hay artistas notables, pero es cierto que muchas veces en los canales alternativos se pueden encontrar propuestas realmente interesantes y frescas.

La gala de ayer sirve, además, para certificar por enésima vez la defunción de la televisión pública española. Si hubieran querido hacer una gala más cutre a posta, no lo habrían logrado. El estudio que la acogió era tan grande como el cuarto trastero de mi abuela, y la presentadora, Raffaella Carrá, no sabía de qué iba la cosa. Para colmo, fueron patéticos los esfuerzos que los presentadores y el jurado (especialmente el jurásico Urribarri), para condicionar el voto y desprestigiar a Chiquilicuatre, demostrando escaso fair play: si TVE decidió convocar un sistema de elección tan abierto, que se atenga a las consecuencias. Y si las consecuencias son el "Chiki chiki", pues hala, a cascarla.Seguro que el año que viene la cosa es diferente, pero mientras tanto, nos toca hacer el idiota en el festival. El público ha decidido que este año Europa perreará.

1 comentario:

frangarod dijo...

Cierto, estimado Acaimo. Europa perreará, y se hará la boca agua con el ("navideño") pavo irlandés, o despertará de súbito y de susto con el gallo bosnio... Y hasta ahí lo que sabemos, pues no es descartable alguna otra "grata" sorpresa. Total, si "Lordi" ganó Eurovisión, por qué no soñar con nuestro Rodolfo exultante tras su triunfo continental y haciendo vibrar a media Europa con su "Chiki chiki".

Coincido contigo en lo inteligente que puede ser la elección del Chiquilicuatre para asestar la puntilla a un decrépito festival que ya nada dice a casi nadie, al menos musicalmente hablando (¿paradójico, verdad?). Sin embargo, tiemblo al pensar que un porcentaje elevadísimo de nuestros paisanos que determinaron esta elección no tuvieron en cuenta, precisamente, ese criterio crítico al enviar sus sms. ¡Oh no! ¡horror! ¡gustaba en verdad como representante para Euro... eso!

En fin, que como bien dices, visto lo visto, me seguiré irritando viendo como los pobres de talento siguen siendo los ricos de la música (SGAE de por medio ¡Mierd...! Por una vez me había propuesto no denostarla), mientras los verdaderos artistas, cual odiados graffiteros, exhiben sus creaciones sobre un fondo de destartaladas paredes.

Un abrazo.