26 julio 2006

Música de Cine en Úbeda. Introducción

Entre el 20 y el 23 de julio se celebró en Úbeda (Jaén) el II Congreso Internacional de Música de Cine, al cual tuve el inmenso honor de asistir. Es curioso que hasta ahora no haya tocado en el blog el tema de las bandas sonoras, habida cuenta de que son mi afición más querida (y en la que más tiempo y dinero he invertido).

La razón fundamental para acudir a este evento tenía nombres y apellidos: Basil Poledouris. Para aquellos desdichados mortales que no tenéis la fortuna de conocer quién es ese señor, diré que es el compositor de músicas maravillosas para films como Conan el bárbaro, Robocop, Los señores del acero, El lago azul, Starship Troopers, Liberad a Willy, Los miserables y unas cuantas más. Muchos dirán con razón que buena parte ellas son cintas mediocres, pero es que en el mundo de la música de cine es habitual que existan películas malas con excelsos acompañamientos melódicos. El Poledouris tiene unas cuántas de esas.


Pero no era él el único invitado. Del extranjero también se dejaron ver John Debney (La pasión de Cristo, La isla de las cabezas cortadas), que ya ha aceptado ser el presidente de honor del congreso de 2007; John Frizzell (Alien: resurrección, El barco fantasma); Bruno Coulais (Los chicos del coro, Vidocq) y John Ottman (Sospechosos habituales, Superman Returns). En cuanto a los españoles, acudieron a la cita, entre otros, Óscar Araujo (El Cid), Xavier Capellas (Obaba), Pablo Cervantes (Tiovivo c.1950) y Diego Navarro (La puerta del tiempo). Como ven, muchos profesionales del medio, y eso que no los he citado a todos.


Otro aliciente para acudir fue poner cara a tantos aficionados a las bandas sonoras con los que comparto foro de Internet (Miguel, Daniel, Fernando, Dion...). Tras meses de comentarios textuales, pude por fin tomarme un algo con ellos (e incluso jugar a los bolos). Por unos días, tuve la libertad de hablar de uno de mis temas favoritos sin cortapisas, algo que no puedo hacer habitualmente porque el 99.9% de las personas que conozco apenas tiene nociones del asunto.
El caso es que lo pasé muy bien con ellos, hasta el punto de que por quedarme charlando me perdiera alguna de las ponencias.

Y claro, también estaba lo del concierto: el sábado 22 de julio, en el patio del Hospital de Santiago (el magnífico edificio que pueden ver en la foto), durante más de hora y medio pudimos escuchar en directo la obra de Debney, Frizzell, Ottman y Poledouris, además de una suite homenaje al gran Jerry Goldsmith, en el segundo aniversario de su muerte.


En sucesivos artículos hablaré más detalladamente de los contenidos del congreso, a modo de reseña/resumen. Pero en este escrito sólo quería dejar claro que este encuentro ha sido uno de los acontecimientos más gozosos de mi vida. No tengo dudas de que, a menos que causas de fuerza mayor lo impidan, acudiré dentro de un año a la tercera edición.

4 comentarios:

Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...
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