01 diciembre 2009

El esperpento Haidar

La situación de Aminatu Haidar, activista saharaui desterrada a Lanzarote por el gobierno marroquí con la connivencia del ejecutivo español, roza ya el esperpento al comprobar las “soluciones” absolutamente delirantes que la diplomacia nacional ha ofrecido.

¿De verdad pensaban que una mujer dedicada en cuerpo y alma a una causa de marcado perfil patriótico, iba a aceptar un pasaporte español o convertirse en refugiada? Ambas alternativas eran regalos envenenados, pues de aceptar cualquiera de ellas, lo único que habría conseguido Haidar es regularizar su presencia en España, lo cual le cerraría las puertas de retorno a El Aaiun para siempre.

La actitud de la saharaui podría considerarse irresponsable, pues sería fácil interpretar que su huelga de hambre es prácticamente un chantaje. Y es verdad que, si cada vez que alguien adoptara esa radical medida, las autoridades fueran a ceder a sus demandas, la epidemia de activistas en estado de inanición sería grave. Entonces, ¿por qué hay que hacerle caso a esta mujer y no, por ejemplo, a De Juana Chaos? Simple y llanamente, por la justicia objetiva de su causa.

Y es que, independientemente de si se está de acuerdo o no con la autodeterminación del Sahara Occidental, lo que se plantea es un claro caso de violación de los derechos humanos y de las libertades individuales. Porque aquí estamos hablando de un gobierno que retira sin ninguna justificación la documentación a una mujer (con lo que se la está desposeyendo automáticamente de todos los derechos que pudiera poseer en virtud a su ciudadanía) y, para colmo, se la embarca en un avión que la lleva a un país extranjero, en donde estará indocumentada y, por tanto, en situación irregular.

En suma, se la destierra y se la convierte en apátrida de un plumazo. La única solución justa a esta situación es el retorno incondicional de Haidar a su país, con la devolución de su pasaporte en vigor. Cualquier otra cosa sería permitir que se cometa una injusticia y, lo que es peor, otorgarle legitimidad. El problema es que lograr ese objetivo es hoy por hoy imposible. ¿Cómo convencer a Marruecos?

El gobierno español siempre ha sido muy tibio con la situación del Sáhara, e históricamente muy proclive a apoyar los intereses marroquíes . Hasta el mismísimo Defensor del Pueblo, Enrique Mújica, lo ha dicho bien clarito: España debe defender por encima de todo sus intereses, que es una manera fina de decir que van a pasar olímpicamente de Haidar y dejarla en tierra de nadie, pues si hicieran otra cosa, pondrían en peligro los jugosos negocios que tienen los empresarios españoles en el reino vecino.

Sin embargo, creo que este embrollo ha perjudicado gravemente a la imagen exterior de nuestro país, que en los últimos años ha intentado venderse en los foros internacionales como una suerte de Arcadia del diálogo, el pacifismo y el consenso, y sin embargo ahora permite que se produzca este atropello.

A los pocos días de estar en Lanzarote, Haidar afirmó que no podía creer que el mismo gobierno que defiende la Alianza de Civilizaciones estuviera permitiendo esta afrenta a los derechos humanos. Y con esa declaración, le dio a Zapatero en donde más le duele: en todo el talante.

Reconozco que este escrito puede pecar de ingenuo, pues se limita a señalar lo injusto de la cuestión, pero no aporta una solución óptima a este embrollo. Porque, incluso si España fuera menos complaciente con las autoridades Marruecos, ¿cómo podría hacer que recapacitaran en su decisión? ¿Alguna idea?

3 comentarios:

Damian dijo...

Hola por Aki...
Lo que propongo es que Zapatero aproveche su presidencia en la UE para impulsar desde ella el referéndum del Sáhara como una iniciativa de toda la Unión y como ejemplo de magnificencia de ésta al mundo con la entrada en vigor del tratado de Lisboa.
Si Francia se lo propone, se hace. Lo difícil es proponerselo a Francia y ésta quiera; y que los Estados Unidos se lo permita, que esa es otra.

Anónimo dijo...

Enrique Mújica ha perdido una oportunidad de oro para callarse, y que no nos toque las narices porque cada día se sabe más de sus conversaciones con militares en Jaca en vísperas del 23-F. En cuanto a la política internacional española, es genético, siempre se equivoca de enemigo, desde Felipe II a Aznar, pasando por Carlos IV y el propio Franco.
Bardino7

capitanguanche dijo...

¿...política internacional...?
si un gobierno cualquiera én cualquier país,no es capaz de acabar con las injusticias y las desgracias internas, cómo puede siquiera soñar con solucionar las de fuera... lo siento en el alma por Aminatu, pero mucho me temo que como este asunto no tome un impacto mediático internacional( lo que es muy probable que ocurra cuando ya sea demasiado tarde...) aquí nada se moverá un milímetro de como está.
lo malo de hacerte mayor es que vas dejando de creer que lo que es justo y la justicia sean algo siquiera parecido.
¡¡¡suerte aminatu!!!