08 diciembre 2009

Cabrales Superestar

El sábado 5 de diciembre pude disfrutar de un gran concierto de Fito y los Fitipaldis, acompañado por un “telonero” de lujo: La Cabra Mecánica. Aunque el inicio se demoró más de lo previsto, la espera valió la pena. La Cabra ofreció una hora de música que supo a poco, y Fito Cabrales y su banda se entregaron al máximo. Frente a estrellitas que se conforman con hora y media de recital, el rockero vasco estuvo más de dos horas y cuarto en escena, tocó prácticamente su nuevo disco al completo y todos los grandes éxitos anteriores, y todo ello con energía, entusiasmo, y acompañado por una banda que sonaba de lujo. Lo dicho, memorable.

Nunca he sido un gran especialista en rock español, así que no diré que conocía a Fito desde los tiempos de Platero y Tu, porque mentiría. Tampoco me las voy a dar de listo fingiendo que conocía quién era Carlos Raya desde hace mogollón de tiempo, pero creo que es evidente que su impronta en la banda de Fito se nota. Así que, admitiendo todo este desconocimiento previo, si me atrevo a plantear varias cuestiones por las que me parece fantástico que Adolfo Cabrales, Fito para sus fans, haya logrado este éxito arrollador de los últimos años:

- En una época en el que se venera a las “estrellas por sorpresa”, esas que aparecen de la noche a la mañana y venden millones de ejemplares de su primer disco, y que suelen ser producto de mercadotecnia, es de agradecer que un músico de larga trayectoria como Cabrales haya ido escalando puestos de popularidad álbum a álbum: el triunfo de un currante de la música.

- Y hablando de mercadotecnia: frente a una tendencia cada vez más alarmante en la que las estrellas discográficos tiene que ser, además, supermodelos guapísimos y a la última, me encanta que triunfe un vasco cuarentón, bajito, calvo, de nariz aguileña, y que pasa de modas para lucir su tan personal boina con patillas largas. La demostración de que el carisma no conoce de modas ni cánones de belleza.

-También me resulta simpático que en estos tiempos tan políticamente correctos, Fito salga al escenario con los cigarros encendidos en el clavijero de la guitarra: nadie dijo que el Rock fuera sano.

-Y como en el fondo uno es un clásico, es casi de justicia poética que este hombre se haya convertido en un ídolo entre jovencitos (versionado incluso en engendros como Operación Triunfo y Factor X) gracias a una propuesta de rock, blues e incluso toques country de lo más clásica, con guitarras, bajo, batería, saxo y ese toque que sólo un órgano Hammond puede dar. Frente al pop tecnológico de laboratorio, es una vuelta a los orígenes.

2 comentarios:

capitanguanche dijo...

¡¡¡yo, estuve allí!!!
¡¡¡GRACIAS, FITO. ME SUPO!!!

ROSA G.C. dijo...

Me alegro que te lo hayas pasado tan bien!!!
Un abrazo
Rosa.-