24 octubre 2007

Nadie dijo nada



Todos hemos visto las imágenes de la agresión en el metro de Barcelona a una menor ecuatoriana. Pero lo peor no es la agresión en sí, ya que por desgracia, a diario suceden muchas más, y peores, sólo que no han sido grabadas por una cámara de seguridad ni se ha identificado al autor. Lo peor es ver que mientras ese zoquete se ensañaba con la chica, en el vagón nadie hizo nada.

No estoy pidiendo que alguno de los pasajeros que miran impasibles la escena se levante en plan película americana e impida la agresión. Pero es que nadie, al menos, increpó al agresor para decirle "Eh, tú, para ya". Ni siquiera hubo algún alma piadosa que, tras el suceso, se interesara por el estado de la agredida (¿acaso porque era de piel oscura?). Aunque en el vagón había más gente, en la práctica parece como si sólo estuvieran los dos implicados.

Entiendo que desde fuera es fácil recriminar este comportamiento de los espectadores apáticos. No sé qué haría en una situación similar. ¿Me atrevería a intentar impedirlo o, al menos, a alzar la voz? Quiero pensar que sí, pero es cierto que en los momento claves, nunca se sabe cuál es el coraje de cada uno. En todo caso, la situación me recuerda una célebre frase de Edmund Burke: "Para que triunfe el mal, sólo es necesario que los buenos no hagan nada".

También me aterra pensar que si el caso fuera al revés, un ecuatoriano machacando a una española, sí se habría producido esa reacción que en el caso real brilló por su ausencia. Pensando mal, sospecho que esa omisión de socorro era una forma de refrendar pasiva y tácitamente la agresión. Esa siniestra sospecha se agudizó cuando, al buscar el vídeo en Youtube para ponerlo aquí, me detuve a leer alguno de los comentarios que lo acompañaban: que si "dejen ya de atosigar al pobre chaval", que si "nadie denuncia las agresiones que los Latin Kings cometen contra españoles", que si... en fin, justificaciones a lo injustificable.


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