
Es ya tópico extenderse en las consecuencias y el pánico colectivo que provocó, por lo que les ahorraré el cuento. Lo que nunca está de más recordar es que Welles, en esta adaptación, de alguna manera anticipó el lema de Marshall McLuhan “el medio es el mensaje”: la retransmisión no consistió en una lectura dramatizada y literal de la novela, sino que el guión fue concebido como una serie de boletines informativos que interrumpían un (falso) programa de variedades. Todo el poder de este trabajo proviene, pues, de que el oyente creyó estar escuchando algo real.
Si quieren, podemos hablar del evento en términos de engaño, pero yo prefiero considerarlo un fino ejemplo de metaficción producido muchos antes de que los primeros postmodernos empezaran a dar la vara con sus teorías.