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26 julio 2009

Fimucité: Los compositores hablan (I)

En las siguientes entradas intentaré resumir algunas ideas que expresaron los compositores invitados a Fimucité 3, ya fuera en sus conferencias individuales del jueves 23 de julio, como en la mesa redonda que se celebró al día siguiente. No es una crónica exhaustiva, y aviso que me faltan algunos testimonios ya que, por razones organizativas, tuve que ausentarme de la sala de TEA en más ocasiones de las que hubiera querido. Asimismo, siento no tener fotos de las conferencias: llevé la cámara pero olvidé comprobar si tenía batería. ¡Y no tenía!

Clint Mansell

El compositor estuvo acompañado por Brian Emrich, bajista en el concierto del miércoles 22 y también diseñador de sonido en las películas de Darren Aronofsky. Una de esas “cuestiones organizativas” a las que me referí hace un momento fue irle a buscar una cerveza a Masnsell, ya que al perecer la prefería al agua sin gas que le habían puesto en la mesa. Cuando entré a la sala con la botella en la mano, se viró hacia mi y dijo: “Oh, I think that’s for me”, lo cual le valió una ovación.

Mansell comentó que la elección de la música electrónica para Pi obedecía, básicamente, a que era el estilo con el que se sentía más seguro en aquella época. Poco a poco ha ido profundizando en formaciones cada vez mayores, pero dejó entrever que la electrónica iba a seguir siendo siempre una referencia en su estilo.

Sobre la música de La fuente de la vida, reveló que cuando el proyecto iba a ser una superproducción con Brad Pitt y Cate Blanchett, empezó a componer para una formación orquestal muy amplia. Pero cuando el proyecto se redujo de escala y se orientó hacia un lenguaje más íntimo, convino con el director en que la música debía reducirse igualmente, lo cual explica el (excelente) resultado final.

Sobre cuál era su trabajo favorito, señaló muy diplomáticamente que no suele volver mucho la vista atrás, y que cuando finaliza un proyecto está contento por haberlo podido terminar y ya está pensando en el siguiente, por lo que no tiene mucho tiempo para revisar su obra anterior.

El público le preguntó por el posible proyecto de Darren Aronofsky para dirirgir una nueva versión de Robocop. Mansell aclaró que sólo es un proyecto, que no hay nada definitivo, peor que, obviamente, le gustaría participar.

Mark Snow

El compositor parecía bastante asombrado por todo el asunto del festival, y también estaba claro que era una persona bastante tímida, aunque también con bastante sentido del humor: se ganó al público cuando recordó los inicios de su carrera, a mediados de los setenta: “Acababa de llegar desde Nueva York a California, y no lograba ningún encargo. Así que me pasaba todo el día en la playa fumando hierba”.

Recordó sus primeros trabajos televisivos para series como Hart y Hart, Starsky y Hutch o Falcon Crest, los cuales reconoció que, vistos ahora, pueden resultar “un poco cursis”. Así que la llegada de Chris Carter con el proyecto Expediente X fue un soplo de aire fresco.

Para crear el famoso tema principal, el productor le envió una serie de CDs con la música que pensaba que debía marcar la pauta. Tras cuatro temas infructuosos, Snow pidió que le dejara intentarlo a su manera. Según cuenta, dio con la famosa melodía en aproximadamente una hora, en parte porque el teclado tenía seleccionado el efecto eco cuando se sentó a escribir, y ese sonido le inspiró.

Snow contó divertido la primera reunión con los ejecutivos de la Fox para enseñarles el tema: puso la música a cuatro de ellos que en ningún momento le dijeron nada concluyente y se pasaban la pelota unos a otros: “Esto es… es… ¿tu que piensas, Phil?”. Dos meses después, cuando el tema era un éxito popular, se encontró de nuevo con esos ejecutivos, que tuvieron el morro de comentarle: “¿Recuerdas que te dijimos que ese tema era especial?”.

El compositor rememoró que cuando empezó a trabajar todo se hacía a mano, escribiendo sobre papel lo que se tocaba al piano. En 1996 llegaron los primeros sintetizadores conectados a ordenadores, y muchos compositores, como él, dieron el paso a adquirirlos y crear estudios en sus casas. Snow considera que esa decisión fue un acierto, ya que prácticamente todo su trabajo para televisión lo realiza en su propio hogar.

Evidentemente, el sonido de sintetizador es más “pequeño” que el de una orquesta, por lo que uno de los desafíos profesionales que tuvo que afrontar fue la composición de la banda sonora de la primera película de Expediente X, que al ser para cine, exigía un sonido más ampuloso. “Tuve que demostrar a los ejecutivos que era capaz de escribir para una orquesta”.

Preguntado acerca de cuál fue la música que le hizo pensar en ser compositor de música para cine, recordó El planeta de los simios de Jerry Goldsmith. “Cuando escuché en el cine algo tan experimental y arriesgado, me pregunté: ¿De verdad dejan hacer esto en Hollywood? Por eso para mí es muy especial poder dirigir dos piezas de esta partitura en Fimucité”. Así lo hizo el sábado 25 de julio, y muy bien, por cierto.

18 julio 2009

Fimucité 3: Una semana de música de cine

Si alguna vez he sentido autentica afición-fanática-obsesiva por algo, ha sido por la música de cine. Desde que a loso catorce años descubrí a Jerry Goldsmith, comencé a introducirme en ese mundillo y a adquirir música del género dentro de mis limitadas posibilidades y el apoyo de mis padres.

Y no era fácil entonces: por aquella época no había Internet, y para colmo mis conocimientos de inglés eran escasos, por lo que acceder a la poca información que existía me resultaba muy complicado. Además, apenas se podían conseguir discos en Canarias, por lo que tenía que recurrir a pedirlos por correo.

Pero a lo tonto, y tras más de mil discos (que han provocado serias dificultades espaciales en casa de mis padres), las bandas sonoras se han convertido en uno de los ejes fundamentales de mi bagaje cultural. Reconozco que desde hace unos cuatro años mi pasión ha decrecido, pero siempre está ahí, latente. Y de vez en cuando sucede un acontecimiento que logra despertarla de nuevo y revivir al soundtrack freak que fui, que soy y que siempre seré.

En menos de 48 horas comenzará uno de esos acontecimientos: la tercera edición del Festival Internacional de Música de Cine de Tenerife, Fimucité 3, lo cual quiere decir que durante la próxima semana no voy a estar para nadie, que me busquen en el TEA, sede de las conferencias y proyecciones; en el Teatro Leal, que el miércoles acogerá un concierto de Clint Mansell; y el viernes y el sábado en el Auditorio, con la Tenerife Film Orchestra and Choir de Diego Navarro interpretando sendos programas dedicados a los compositores invitados (Mark Snow, John Ottman y Jan A. P. Kaczmarek) y a la saga Alien y el compositor de compositores Jerry Goldsmith. (Aquí tiene el programa completo de conciertos).

La Tenerife Film Orchestra y Choir suena primorosamente, como se ha podido comprobar en las dos ediciones pasadas, lo cual es ya una garantía de calidad. Y esto que digo no es una tontería: si hay una música especialmente maltratada por los intérpretes, es la música de cine. Existen innumerables recopilaciones de temas de bandas sonoras interpretadas por orquestas que les varían el tempo a las piezas, o que incluso alteran la orquestación original (aún tengo pesadillas con una casette comprada al Círculo de Lectores, que bajo la promesa de “Grandes Bandas Sonoras de la Historia” traía cosas como una “Guerra de las galaxias” con arreglos funky o “Lo que el viento se llevó” con piano y maracas, como si fuera una habanera, lo juro).

A veces, hay conciertos en directo muy bien intencionados, pero mal ejecutados porque los músicos se acercan a un repertorio que no dominan con poco tiempo de ensayo: hace unos años, en Úbeda, una orquesta mal engrasada estuvo a punto de destruir un evento tan único como fue poder ver a Basil Poledouris, meses antes de su triste fallecimiento, dirigir por primera vez en directo su partitura para Conan el Bárbaro. Por ello, tener la garantía de una orquesta respetuosa y eficaz con el material es siempre una buena noticia. Aunque no debería sorprendernos, pues su impulsor, Diego Navarro, es él mismo un excelente compositor para cine.

Así que, si les gusta la música de cine, ya están tardando en pillar entradas. Y si no la conocen, es una oportunidad de otro para acercarse a esta música que es a la vez multitudinaria (pues se escucha en todos los cines del mundo) y desconocida (porque pocos espectadores reparan e ella durante la proyección, y mucho menso se compran un disco). Fimucité 3 es, pues, una oportunidad de oro, y uno de los pocos festivales existentes en el mundo en su género.

14 diciembre 2006

¡Por fin un Oscar para Morricone!

La Academia de Cine de Hollywood por fin se ha puesto las pilas y ha anunciado que le entregará un Oscar honorífico al compositor Ennio Morricone (apodado por muchos como Gennio Morricone). A pesar de ser uno de los mejores músicos de cine de la historia, con un estilo muy personal, reconocible y muy imitado (y parodiado), hasta la fecha no había recibido la figurita dorada de marras pese a sus muchas nominaciones.

La historia de Morricone con los oscars es amarga y caracterizada por el maltrato, ya que siempre que fue nominado era el favorito y en el último momento ganaba otro. Por supuesto, una figura de su calibre está por encima de premios y honores, pero como aficionado a las bandas sonoras, me resulta descorazonador comprobar la nómina de premiados de los últimos años, en los que constan autores claramente inferiores. Claro que ese es otro argumento más para dejar de darle pábulo a unos premios cada vez más irracionales y marcados por el marketing.

Morricone es un autor de marcada personalidad, algo inusitado en el mundo de la banda sonora, ya que lo usual es que el compositor trate de amoldar sus rasgos personales a la imagen y, en cierta medida, desaparecer bajo los fotogramas. En cambio, el estilo de Morricone es inigualable y perfectamente distinguible a la primera nota.

O mejor debería decir los estilos, ya que a lo largo de su carrera, que superar las 300 partitura spara cine, ha sido capaz de desarrollar diferentes sonoridades: sus arrebatadoras melodías románticas; sensuales temas con la voz solista de Edda dell'Orso, disonancias para los films terroríficos de Dario Argento; tensas composiciones para thrillers políticos y policíacos… y claro, el spaghetti western, del cual es maestro, pero que a larga creo que ha resultado contraproducente para él, ya que todos lo identifican con ese estilo, pese a que no debe representar ni un 5% del total de su producción. A mí también me parece que "La muerte tenía un precio" es uno de los temas más chulos (en el sentido de calidad, y también en el de chulería) de la historia del cine. Pero Morricone es mucho más.


Además, es admirable su impresionante ética de trabajo, pues raro es el año que no nos deja un mínimo de cinco partituras. Y ojo: todas, de principio a fin, orquestadas por él, sin ninguna colaboración. Cierto es que ello supone una calidad desigual y "parecidos razonables" entre obras, pero, en todo caso, una obra mediocre de Morricone es muy superior a la de muchos compositores consagrados de la actualidad, ¿verdad, Hans?


En todo caso, aunque sea tarde, la Academia de Hollywood repara una histórica injusticia en sus galardones. Y es la segunda vez que lo hace con un compositor, ya que en los años 80 también se le concedió un oscar honorario al gran Alex North, otro compositor fundamental de la historia del cine que tampoco había sido premiado. Eso sí: por una vez los europeos nos adelantamos a los americanos, ya que esa cosa rara de la Academia del Cine Europeo concedió su premio honorario a Don Ennio hace unos añitos.


Como se dice en estos casos: ¡Bravo Maestro!

09 noviembre 2006

Honor y gloria para Basil Poledouris

El pasado de 8 noviembre, el cáncer venció la batalla al compositor de música cinematográfica Basil Poledouris. Era uno de los mejores, o por lo menos uno de los que más me gustaba, y una de las principales razones por las que me hice aficionado a este mundillo de las bandas sonoras.

En julio de este año lo pude ver en persona durante cuatro días maravillosos en Úbeda. Ya estaba visiblemente enfermo, pero con ánimos suficientes para ensayar y dirigir un concierto que, a pesar de una deficiente orquesta, nos hizo vibrar a todos los asistentes.

Poledouris llevaba unos años de capa caída, trabajando cada vez menos y sin ilusión. De hecho, confesaba a quienes asistimos a ese congreso que pensaba que ya era una figura olvidada, y se sorprendió y emocionó al comprobar la cantidad de aficionados que nos habíamos congregado en la pequeña ciudad andaluza para rendirnos ante su música. Quiero pensar que de algún modo fui partícipe de un momento especial en la vida de este hombre que demostró, además de su altura artística, su coraje.

Esta década está siendo terrible para la música de cine: ya se han ido Jerry Goldsmith y Elmer Bernstein, los últimos clásicos, y Michael Kamen, qua aún no llegaba a los 60 años, y el propio Poledouris, que con 61 años aún tenía mucho tiempo para resurgir de sus cenizas. Como aficionado, siento que cada vez tengo menos alicientes, ya que se me están marchando los más grandes, y no veo en los que quedan figuras capaces de compararse a ellos.

En todo caso, siempre podré repasar Conan, Robocop, El lago azul, Los miserables, Los señores del acero, La fuerza del viento y tantas músicas excelentes para películas no tan excelentes que nos legó Basil. (El rimbombante titular viene a propósito del título de un recopilatorio dedicado a la música de Poledouris, titulado precisamente Honor and Glory: hoy más que nunca, distinciones que este compositor merece sin dudas).

Actualización del 13/11/06

Los chicos de Bsospirit han colgado en la web la entrevista que les concedió Poledouris en Úbeda, y un video que se proyectó en el mismo lugar, con un repaso audiovisual por la carrera del maestro, y que sirve como homenaje a su figura:



(Foto: Poledouris en Úbeda, el pasado julio)

03 agosto 2006

Música de Cine en Úbeda: Para concluir…

Ya hemos hablado largo y tendido del II Congreso Internacional de Música de Cine celebrado en Úbeda entre el 20 y el 23 de julio. Como no es plan de alargar esto más, vamos a cerrar el tema resumiendo lo más posible otras cosas que se quedaron en el tintero:


- John Ottman: La otra estrella internacional invitada fue la más sosa de todas. Aunque se prestó gustoso a firmas y fotos, tenía pinta de estar muy perdido por los famosos cerros de la ciudad anfitriona. Además, fue el único que no se preparo una conferencia mínimamente articulada, sino que pasó directamente al turno de preguntas. En él afirmó que no le importa estar encasillado en el género de super-héroes, ya que se adapta muy bien a su estilo, si bien reconoció que no sabe cuántos temas más en plan fanfarria iba a ser capaz de componer.

Particularmente, eso no me parece una gran noticia, ya que yo prefiero el Ottman contenido de Sospechosos habituales o Incógnito, antes que el trompetero de Los 4 Fantásticos. Eso sí, fue muy interesante lo que dijo del permanente estado de paranoia con el que viven los compositores: un músico establecido como él no se puede negar a aceptar un trabajo, ya que de hacerlo, esa podría ser la última oferta que recibiera. Así de heavy está el patio, y eso explica la cantidad de bodrios quue abundan en las filmografías de músicos excelentes.

- Bruno Coulais:
Una de las conferencias que me perdí fue la de este compositor francés, que tras una carrera llena de fantásticos trabajos de corte más bien experimental, se ha hecho famoso con Los chicos del coro (al parecer, a él no le gusta mucho). La escolanía de Úbeda interpretó esa obra suya con más pena que gloria. Sin embargo, el bueno de Coulais se levantó a saludarlos y a agradecerles la interpretación. "En estos tiempos de guerra, nada me suena mejor que la voz de los niños", dijo para rubricar ese emotivo momento.


-Mateo Pascual: Interesante su conferencia sobre música para videojuegos, sobre todo porque fue un cursillo acelerado de cómo se elabora un producto para consolas y PC desde su idea básica hasta sus pruebas finales. Con todo, su idea de la música me pareció tan espectacular como superficial y algo pomposa (mucho coro y mucha fanfarria), aunque está claro que a un videojuego no se le puede pedir que tenga los mismos elementos psicológicos e introspectivos que el cine, y que es un medio que pide ese tipo de música enfática.

-Óscar Araujo: Acojona un poco oírle decir que él sigue trabajando en la industria del videojuego porque cree que a la larga ésta se comerá a la del cine. Con todo, parece que razón no le falta… Aún así, hay que reconocerle que su partitura para El Cid de dibujos animados no tiene nada que envidiar a un blockbuster de Hollywood y que es de lo mejorcito compuesto en España para cine. Resultó sorprendente la "confesión" de que su carrera como músico empezó en la ruta del bakalao: el famoso "esta sí, esta no…" de Chimo Vallo tiene música suya (¡¡!!).

- Xavier Capellas:
Su ponencia fue algo escueta, aunque me dio la impresión de que era por una cuestión de timidez más que otra cosa. Muy interesante ver copiones de La vida de nadie con y sin música, ya que se demuestra cómo algunas escenas de diálogo especialmente estáticas pueden hacerse más llevaderas con el apropiado acompañamiento. También sirvió para demostrar que el diálogo y la música no tienen por qué pelearse, y que incluso ésta puede redondear a aquellos: en un ejemplo, una discusión se acompaña con una música crispada y se dulcifica cuando el diálogo se refiere al hijo del matrimonio que pelea.


- Conrado Xalabarder: El crítico y estudioso de las banda sonoras es uno de los responsables de que en este país se esté dignificando la música de cine poco a poco. Su ponencia era un resumen de las tesis de su libro Música de Cine: una ilusión óptica, en el cual dice cosas tan interesantes como que un buen músico de cine es también un buen cineasta, pues con su obra narra una historia paralela que completa las imágenes. Un ejemplo es el Jerry Goldsmith de Freud: pasión secreta: el personaje que encarnaba Montgomery Clift apenas dice nada en la cinta; es una música "desde dentro del personaje" la que aporta todo su drama existencial.


- María de Arco: Que una musicóloga haya decidido hacer de la música de cine materia de estudio (y en especial El planeta de los simios de Goldsmith) es motivo de celebración porque es otro de esos pequeños hitos que ayudan a normalizar la música para la imagen como materia digna de consideración académica. A falta de leerlo, que al menos quede clara mi aplauso por la mera existencia de su libro Experimentalismo en la Música Cinematográfica, editado nada menos que por el Fondo de Cultura Económica.


- Las galas: Hubo dos, una dedicada a los compositores españoles y otra a entregar los premios Goldspirit que conceden los internautas. Fueron largas, a veces tediosas, pero con momentos muy divertidos (la introducción de Conrado Xalabarder; los bárbaros reconociendo a Poledouris) y también emotivas (los lagrimones de Basil ante tanta ovación)

-Carlos Pacheco: Como bonus track, al congreso acudió este magnífico y cotizadísimo dibujante de comics, actual responsable gráfico de Superman. Un tío salado, simpático, que tuvo a bien dibujarnos unos bocetos ( ¡¡a mí me hizo una Wonder Woman que s eparece a Monica bellucci!!), y confesarnos las coñitas que suele colar en los comics americanos: la última, dos policías de Metrópolis en cuyas placas se lee (si se afina muuucho la vista) "Grijander" y "Gromenawer". Pedazos de nombres para los agentes.

- El concierto: El coro era de aficionados, y se notó, pero hizo lo que pudo; la orquesta sí que es de juzgado de guardia, pues para ser profesional, es increíble como fue capaz de destrozar algo tan sólido como "The Enterprise" de Goldsmith, o entrar a destiempo en Conan". Con todo, las piezas de Frizell, Ottman y Debney sonaron moderadamente bien (especialmwente las de el último de los citados), y no se puede negar que reunir en directo a tantas estrellas de la banda sonora es un hito incuestionable. A pesar de la orquesta, una noche para el recuerdo.


Y eso es todo (no me extiendo en las comidas, el partido de bolos y la maravillosa experiencia humana que fue conocer en persona a muchos congresistas a los que sólo había tratado por la red, porque entonces esto sí que se alargaba). Lo que tengo claro es que, a pesar del calor y del efecto horno de algunas salas de conferencias, volveré el próximo año a Úbeda (salvo que se produzcan causas de fuerza mayor o que las estrellas invitadas sean el Amenábar "compositor" y Giorgio Morodoer: mi masoquismo no llega a tanto).

(Foto: Otra vista del precioso patio del Hospital de Santiago)

02 agosto 2006

Música de Cine en Úbeda: John Frizzell

John Frizzell no es precisamente una estrella dentro de la música de cine de Hollywood. Por así decirlo, es como uno de esos equipos de fútbol que siempre están en la mitad de la tabla: es un buen profesional, trabaja regularmente, pero no ha gozado de grandes proyectos que lo hayan colocado en primera fila. A pesar de ello, a lo largo de su carrera ha tenido un par de trabajos más que interesantes. Por ejemplo, supo salir airoso de esa papa caliente que era Alien: resurrección, pues me imagino que no debe ser fácil continuar una saga en la que han dejado su impronta compositores de la calidad de Jerry Goldsmith, James Horner o Elliot Goldenthal.

Este músico se ganó a los asistentes del congreso de Úbeda de 2005, hasta el punto de que fue invitado a ser el presidente de honor en 2006, cometido que cumplió con creces, pues en todo momento estuvo trabajando para que el evento se desarrollara con eficacia. La imagen de Frizzell yendo de un lado para otro a toda prisa, con sus pantalones cortos y su mochila al hombro, era de las más habituales durante esos cuatro días en el Hospital de Santiago, sede del congreso.

He escuchado a algunos asistentes criticar que Frizzell era “algo frío” A mí no me lo pareció en absoluto, pues supo aceptar con paciencia y resignación ese calvario de firmas y fotos al que sometimos a todos los compositores. Fue en todo momento educado y, es verdad que en ocasiones se le veía algo apurado, pero no era para menos, tenía un concierto que sacar adelante, no exento de dificultades. Además, tuvo que capear algunos temporales: por ejemplo, improvisó una conferencia en el pasillo de la sede del congreso cuando la megafonía de la sala de conferencia se estropeó. ¡Otra cosa no, pero tablas tiene este hombre!

Su conferencia fue especialmente interesante, al menos para mí, porque sirvió para valorar la figura del editor musical, una de esas profesiones que sabía vagamente que existían y en qué consistía, pero que hasta ahora no había acabado de apreciar en toda su dimensión. Para explicarlo, Frizzell utilizó como ejemplo uno de sus últimos trabajos, The Prize Winner of Defiance, Ohio, una cinta que aún no ha sido estrenada en España y que el compositor lamentó que no tuviera la repercusión esperada, a pesar de estar protagonizada por Julianne Moore y Woody Harrelson.

El compositor puso, en primer lugar, una pieza tal cual la había compuesto, sincronizada sobre una copia de trabajo de la película. El fragmento duraba en torno a minuto y medio, y la referencia que se debía tener en cuenta era el momento, hacia el final de la escena, en el que Woody Harrelson entraba por una puerta. En esta primera versión, la música continuaba unos segundos después, y terminaba con Harrelson dentro de la casa.

Pero la directora deseaba que la música cesara justo en la puerta, por lo que la editora musical tuvo que hacer cortes imperceptibles en la banda sonora aquí y allá. Tras explicar esto, Frizzell proyectó la misma escena tal cual se ve en la copia final. Y efectivamente, la música acaba justo al llegar a la puerta, pero aparentemente la música es igual a la primera versión. Evidentemente, no lo es pues tiene menos segundos, pero es imposible distinguir en qué momentos ha sido editada. “Ni yo mismo detecto dónde están los cortes”, señaló Frizzell, lo cual habla de la eficiencia y utilidad de un buen editor musical.

Este trabajo también es un buen ejemplo de la versatilidad estilística que deben poseer los músicos de cine. Normalmente, asociamos banda sonora con sonido sinfónico, pero en algunos casos esa aproximación sería errónea para el estilo de la película, y este era uno de ellos. La cinta transcurre entre los años 50 y 60, por lo que la música hace continuas referencias a la música ligera americana propia de esa época y, a medida que la trama se acerca a los años 60, va incorporando rasgos de Rock& Roll. Es un buen ejemplo de cómo la música puede ayudar a contextualizar una película.

Otra de las funciones de la música de cine es realizar comentarios sobre el carácter de los personajes, hasta el punto de poder modificar la visión que se tiene de ellos. El personaje de Harrelson en la cinta es un marido borracho y violento que en los pases previos de la cinta era lógicamente rechazado por la audiencia.

En una escena, este personaje destrozaba un frigorífico a golpes mientras su familia lo miraba asustado. Originalmente, la directora no quería música para ese fragmento, aunque Frizzell le pidió infructuosamente escribir una pieza. En su día libre, el compositor decidió componerla y se la puso a la directora, a la cual le gustó el resultado y lo dejó en la cinta... pero le pidió al compositor que no volviera a hacer algo así. La escena en cuestión está ahora acompañada por una música melancólica, que va en contra de la violencia de las imágenes, pero añade un aire de patetismo al personaje de Harrelson.

Frizzell indicó que, evidentemente, no se puede aprobar la conducta de ese personaje, pero sí sentir compasión por él. Y el objetivo se logró, ya que en otro pase de prueba con la nueva música, el antaño odiado papel de Harrelson fue mejor recibido por la audiencia

Ya en el turno de preguntas, algún trekkie presente en la sala le preguntó por su aportación a la saga Star Trek, ya que Frizzell puso música a tres capítulos de la serie Enterprise. El compositor recordó divertido que en uno de ellos escribió un largo fragmento solamente para viento madera, lo cual fue recibido con gran estupor por los ejecutivos de Paramount. La extrañeza desapareció cuando reorquestó de manera más tópica la pieza con viento metal.

Otro momento divertido fue cuando se le preguntó por los recurso innovadores que utilizó en Alien: resurrección. La pregunta pilló por sorpresa a un Frizzell que indicó que la orquestación de esa partitura fue bastante tradicional. El espectador replicó entonces que en el DVD del “Cómo se hizo” aparece un momento en el que el compositor indicaba a un percusionista que frotara un chupa-chups contra el platillo (sic), buscando un sonido novedoso. Frizzell, jocosamente, se sinceró: “Eso fue que cuando grabábamos con la orquesta me avisaron de que los del DVD venían a entrevistarme, y que hiciera algo interesante. Así que no se me ocurrió otra cosa que frotar un chupa chups contra un platillo. ¡Fue para darme publicidad!”. Sin duda, el truco le funcionó.

(Foto: Segundo momento fan-fatal, de nuevo servidor con Mr. Frizzell)

31 julio 2006

Música de Cine en Úbeda: John Debney

Además de Poledouris, otro héroe del II Congreso Internacional de Música de Cine de Úbeda fue John Debney, lo cual para mí fue una sorpresa. Antes del evento, pensaba que tendría la típica actitud de divo hollywoodense, ya que aún estaban cercanas las mieles de su nominación al oscar por La pasión de Cristo.

Además, nunca ha sido un compositor que me atrajera especialmente: a pesar de que domina la orquesta, es versátil y sabe coordinarse con las imágenes, siempre me ha parecido algo falto de personalidad. (me costaría identificar un “estilo Debney”).
Con todo, es un gran profesional, y tras poder escucharlo y ver cómo trabajaba, no puedo evitar tener algo de mala conciencia por haberlo considerado de una manera tan fría estos años.

En ocasiones conocer de cerca de un creador produce decepciones, ya que descubres que alguien que admiras es un capullo. En este caso (y en de John Frizzell) me ha pasado lo contrario: alguien cuya obra no me atraía especialmente ha suscitado mi interés tras comprobar su talla personal (y no me refiero a la altura).


Su charla, como no podía ser menos, trató sobre La pasión de Cristo, su partitura más importante hasta la fecha. Este proyecto le ha granjeado a Debney muchos elogios, el CD ha sido un éxito de ventas y el propio compositor ha preparado una sinfonía basada en su partitura para el cine. Particularmente, siempre me ha parecido un trabajo algo epatante, con fragmentos algo cansinos y otros muy pomposos, aunque reconozco que el tema de la resurrección es maravilloso y que hace un brillante uso de la voz solista femenina, interpretada por Lisbeth Scott, quien también estuvo presente en Úbeda.

Debney inició su ponencia hablando de sus orígenes: además de formación musical, estudió arte dramático y durante un tiempo se planteó seriamente ser actor. Dentro de la música, su aspiración inicial era ser una “rock star”, pero como no creyó que los “pantalones de cuero apretados” le favorecieran, acabó recalando en la música de cine.


Para La Pasión, el compositor asignado era James Horner, que en el último momento se retiró del proyecto. Uno de los productores era amigo de Debney, y lo llamó pidiéndole ayuda, ya que tenían serios problemas para ponerle música a la película. Tras ver un copión, se sintió impactado que solicitó ser él el compositor. Unos días más tarde, Mel Gibson se personó en su estudio; en ese momento de la charla Debney hizo gala de sus habilidades como histrión: “Hago una imitación de Mel muy buena”, dijo, para personificar a continuación a la estrella australiana; no podría afirmar que la voz estaba lograda, pero la gestualidad estaba clavada.

Mel Gibson no tenía nada claro lo que quería para la música de la película, pero estaba claro que no deseaba una partitura de cine tradicional, basada en una serie de temas que se varían a lo largo del metraje. Al parecer, su idea era que se compusiera escena por escena, como si se trataran de cuadros independientes.

Debney indicó que para este trabajo hizo acopio de todos los instrumentos exóticos que pudo, procurando además que pertenecieran a varias culturas (citó La India, China y Oriente Medio), con la idea de lograr un sonido “global” que representara a todo el mundo, y que dejara implícito que aunque la historia de Jesús sucede en un momento y un lugar concretos, realmente concierne a toda la humanidad.

Otra curiosidad es que la orquesta sinfónica no se llega a escuchar al completo hasta la mitad de la cinta, en el momento en el que Jesús le dice a Pedro que a lo largo de la noche su discípulo lo negará tres veces. Según Debney, cuando la orquesta entra en ese punto tiene una fuerza especial, ya que de alguna manera pilla desprevenido al espectador.


Uno de los puntos fuertes de la partitura era, como se dijo, la voz solista. Debney recuerda que recurrió a ella porque un asunto que le quitaba el sueño durante la composición fue la ausencia de un tema principal. Viniendo la cinta, se dio cuenta de que toda la historia está narrada desde el punto de vista de María, y que reduciéndolo todo a la mínima expresión, la película es el relato de una madre. Debney recuerda que una de las escenas que más recuerda la audiencia es el flash back en el que María reconforta a un Jesús aún niño que acaba de caerse. Para ese momento a Debney se le ocurrió una canción con una letra sencilla: “No llores/ si caes/ mis brazos te recogerán/ si caes”.


El compositor pensó en seguida que la voz adecuada para cantarla era la de su amiga Lisbeth Scott. La llamó y le dejó un mensaje en su buzón de voz en el cual le cantó la pieza. Al poco tiempo ella respondió afirmativamente a la llamada, y a los pocos días se encontraba con la orquesta grabando el tema. Según Debney, lo logró a la primera toma. Cuando puso la escena a Gibson con la música, éste lloró y solamente acertó a decir, mirando a la pantalla: “Esa mujer... la voz de esa mujer…”. Al final, el tema suena tres veces a lo largo de la película: “Ahí tienen la trinidad, aunque no fue algo buscado”. La scott, por cierto, se ha convertido en una especilista en bandas sonoras, pues tras este proyecto, también se la ha podido oir en Las crónicas de Narnia, de Harry Gregson-Williams y Munich, de John Williams.

Durante el turno de preguntas, se le preguntó a Debney por las partituras propias que más le gustaban. Su respuesta fue sorprendente, pues a las que todo el mundo esperaba (La isla de las cabezas cortadas, La pasión, Dragonfly y La maldición de las brujas) añadió Princesa por sorpresa. Al parecer, la escribió con su madre recién fallecida, y se la dedicó a ella.

También recordó divertido su trabajo para El rey escorpión, ya que en él tuvo que sufrir una de esas “geniales” ideas que de vez en cuando tiene en Hollywood: ya que el protagonista era el atleta de lucha libre The Rock, a los productores no se les ocurrió otra cosa que pedir una partitura de Rock… ¡a pesar de que la historia sucede 3.500 años en el pasado!

Debney se ganó a los asistentes con su ponencia y también a lo largo del congreso, pues no dudaba en firmar discos y hacerse fotos en todo momento, a pesar de que estuviera cansado y recién salido de un ensayo. No es d eextrañar que el comentario general fuera: “Este Debney es un caballero”. Como colofón, al finalizar el evento el domingo, aceptó ser presidente de honor del congreso de 2007, por lo que volverá a Úbeda. Y nos puso a los asistentes los dientes largos cuando dijo: “El año que viene os vais a enterar”. ¿Qué planeará?

(Foto: En un momento fan-fatal, servidor con Mr. Debney)

27 julio 2006

Música de Cine en Úbeda: Basil Poledouris

Como decíamos ayer, la razón principal por la que fui a la bella ciudad de Úbeda fue por Basil Poledouris. Se trata de un compositor muy querido por los aficionados a la música de cine, pero desgraciadamente, desde hace unos años ha caído en desgracia dentro de la industria. El Hollywood de hoy prefiere los estruendos de Hans Zimmer y compañía, antes que el sinfonismo melódico de este compositor.

De hecho, tal y como nos sopló alguna persona de la organización, durante las charlas que pudo mantener con el compositor durante las comidas, éste se mostraba realmente pesimista, llegando incluso a decir que estaba retirado del mundo del cine, puesto que su carrera estaba “acabada”. Así de duro. Hoy por hoy, la única posibilidad de que Poledouris vuelva a ponerse ante una orquesta para grabar una partitura sería o bien que se tratara de un proyecto importante, o bien realizado por alguno de sus directores amigos… que también están “acabados” dentro de la industria: John Milius, Randall Kleiser y Simon Wincer.

Otro elemento que alarmó a los congresistas es el deterioro físico del músico. Durante todos los días del congreso, los aficionados caímos como aves de presa sobre los compositores en busca de firmas y fotos. En general, la organización era más o menos permisiva con esta práctica, salvo en el caso de Poledouris, al que siempre retiraban con la excusa de que estaba exhausto. Además, durante el concierto del sábado 22 de julio, cuando John Frizzell lo presentó, se refirió a él como un hombre de enorme “coraje”. Sin duda, ahí pasaba algo raro…

Finalmente, pudimos saber que el compositor había sido sometido a una delicada operación en la cabeza solamente dos semanas antes del congreso (por ello siempre llevaba una gorra). Estuvo a punto de no acudir a la cita, ya que los médicos le desaconsejaban, con toda lógica, hacer un viaje tan largo. Sin embargo Poledouris vino, lo cual a los aficionados nos emocionó sobremanera: hay que considerar que absolutamente todos los compositores que acudieron al evento lo hicieron sin cobrar un céntimo. Y en el caso de Poledouris, además, lo hizo en plena convalecencia. Realmente es un hombre con coraje.

En su crónica del evento, el crítico Conrado Xalabarder relata que al principio del congreso, Poledouris estaba tan abatido por sus circunstancias personales y profesionales, que le comentó que no pensaba que su presencia fuera a tener ningún reconocimiento especial. 304 congresistas inscritos le sacamos de su error cuando, por ejemplo, se formaba un corrillo a su alrededor cada vez que aparecía por el patio del Hospital de Santiago, o cuando fue ovacionado cuando subió al podio de la orquesta.

Y durante la gala del domingo por la mañana, otra nueva ovación hizo que el hombre se derrumbara y no pudiera reprimir un llanto de emoción. Sinceramente, creo que esta experiencia puede haberle servido para recargar las pilas anímicas, y darse cuenta de que aún tiene mucho público anhelando un nuevo trabajo firmado por él.
Por lo menos, durante estos días se le vio muy feliz.

La charla

La ponencia de Poledouris fue la que cerró el congreso, y versó en su primera mitad acerca de Conan el Bárbaro, la obra que había dirigido en el concierto del día anterior. El compositor dejó entrever una personalidad dinámica y carismática cuando decidió hablar al público de pié, paseando por el escenario, y rechazó utilizar micrófono. Además, en un par de ocasiones se sentó al piano para poner ejemplos de lo que decía.

Poledouris y John Milius, el director de Conan, eran amigos desde muy jóvenes, y ya entonces colaboraban musicalmente. Milius solía escribir historias y pedía al músico que las ilustrara al piano. Una de ellas era la típica narración romántica del soldado que retornaba a su casa herido tras la Guerra de Secesión estadounidense, para la cual Poledouris compuso un emotivo tema. Años después, cuando discutían la aproximación a la partitura de la película, John Milius recordó aquella pieza y pidió al compositor que la retomara para el film.

Poledouris tuvo que hacer un enorme esfuerzo para arcaizar el sonido de la película: supuestamente, los hechos de Conan acontecen en algún momento de la Edad de Hierro en el norte de Europa, por lo que se debía evocar ese pasado ignoto. El músico tocó al piano la primera versión que propuso del tema principal, y recordó cómo el director la rechazó formando una cruz con los brazos, alegando que era una pieza “demasiado cristiana”. Así que tuvo que simplificar aún más el tema, y como señaló en la ponencia, esa es la razón por la que suenan los metales de la manera que lo hacen al inicio de la película. (Lo pueden ver en este pequeño video):



El músico recordó que inicialmente él no era la primera opción para el trabajo. Milius tanteó a Ennio Morricone, pero éste temía volar a Los Angeles, y el director quería tener cerca al compositor durante la preproducción, por lo cual el italiano salió de la lista de candidatos. En ese momento, al productor Dino de Lautrentiis se le ocurrió sugerir que la película necesitaba una partitura rock. Milius echó balones fuera de una manera inteligente, contestando: “De acuerdo, pero sólo si la compone Jim Morrison”, a lo que el productor no puso problemas. De manera socarrona, Poledouris señala que De Laurentiis tardo un par de semanas en darse cuenta de que Morrison llevaba un año muerto.


A la hora de trabajar ese sonido primario y arcaico, Poledouris fabuló con la idea de que la historia de Conan fuera una leyenda que pasó de generación en generación a través de una canción folclórica o de la tradición oral, como sucedió, por ejemplo, con la historia de Troya. Por ello, solamente como sistema de trabajo, puso una letra muy básica y tonta (sic) al tema principal, para que a la hora de trabajar con él, estuviera presente ese elemento de poema épico oral. (Video):



Ya durante el turno de preguntas, se refirió a la segunda parte de Conan, a la cual se refirió diplomáticamente indicando que “no era su película favorita”. Frente a los muchos meses que tuvo para preparar la cinta de Milius, para la secuela solamente contó con nueve días, y para colmo, de los 80 músicos que le dieron para la parte primera, pasó a 40. Aún así, hizo un trabajo digno y bastante diferente a la primera entrega (a pesar de tener temas comunes), ya que, como reconoció el propio músico, son dos films muy diferentes: Conan el Bárbaro es grave y épico, mientras que Conan el Destructor es más ligero y aventurero.

Por supuesto, también se le preguntó por su ausencia de los últimos tiempos. Sin entrar en detalles personales, señaló que se debía en parte a que se ha mudado de Los Angeles a una isla en Seattle, trasladando todo su estudio. También indicó que no le gusta la manera de trabajar en el cine de hoy, que exige más música que antes en menos tiempo. Por ello, dijo que se estaba concentrando en proyectos musicales extracinematográficos, entre los que se incluye un ballet… basado en Conan.

(Foto: Poledouris junto a la cantante Lisbeth Scott, durante la firma de discos del congreso)

Música de cine en Úbeda: Otros testimonios

Aunque en mis sucesivos posts pondré alguna imagen de las que pude sacar, en este colocaré enlaces a páginas de otros congresistas que hayan publicado información adicional. Así que revísenlo de vez en cuando, porque en teoría iré añadiéndole cosillas durante estos días.

- Para empezar, un blog que se ha abierto para que quienes fuimos al evento colguemos nuestras fotos y videos. Creo que a la larga supondrá el mejor testimonio gráfico del evento.

- En un foro de fans de John Williams, algunos congresistas (sólo conozco a Peio) han puesto sus fotos y reseñas (in English!) de todo lo sucedido. Hay alguna del concierto, lo cual es un puntazo, sobre todo porque estaba prohibido sacar fotos ;-)

- Sergio Hardasmal, miembro de la organización responsable de prensa (y afortunado ganador en un sorteo de la partitura de Debney para La Pasión de Cristo), ha puesto en la red un album de fotos.

26 julio 2006

Música de Cine en Úbeda. Introducción

Entre el 20 y el 23 de julio se celebró en Úbeda (Jaén) el II Congreso Internacional de Música de Cine, al cual tuve el inmenso honor de asistir. Es curioso que hasta ahora no haya tocado en el blog el tema de las bandas sonoras, habida cuenta de que son mi afición más querida (y en la que más tiempo y dinero he invertido).

La razón fundamental para acudir a este evento tenía nombres y apellidos: Basil Poledouris. Para aquellos desdichados mortales que no tenéis la fortuna de conocer quién es ese señor, diré que es el compositor de músicas maravillosas para films como Conan el bárbaro, Robocop, Los señores del acero, El lago azul, Starship Troopers, Liberad a Willy, Los miserables y unas cuantas más. Muchos dirán con razón que buena parte ellas son cintas mediocres, pero es que en el mundo de la música de cine es habitual que existan películas malas con excelsos acompañamientos melódicos. El Poledouris tiene unas cuántas de esas.


Pero no era él el único invitado. Del extranjero también se dejaron ver John Debney (La pasión de Cristo, La isla de las cabezas cortadas), que ya ha aceptado ser el presidente de honor del congreso de 2007; John Frizzell (Alien: resurrección, El barco fantasma); Bruno Coulais (Los chicos del coro, Vidocq) y John Ottman (Sospechosos habituales, Superman Returns). En cuanto a los españoles, acudieron a la cita, entre otros, Óscar Araujo (El Cid), Xavier Capellas (Obaba), Pablo Cervantes (Tiovivo c.1950) y Diego Navarro (La puerta del tiempo). Como ven, muchos profesionales del medio, y eso que no los he citado a todos.


Otro aliciente para acudir fue poner cara a tantos aficionados a las bandas sonoras con los que comparto foro de Internet (Miguel, Daniel, Fernando, Dion...). Tras meses de comentarios textuales, pude por fin tomarme un algo con ellos (e incluso jugar a los bolos). Por unos días, tuve la libertad de hablar de uno de mis temas favoritos sin cortapisas, algo que no puedo hacer habitualmente porque el 99.9% de las personas que conozco apenas tiene nociones del asunto.
El caso es que lo pasé muy bien con ellos, hasta el punto de que por quedarme charlando me perdiera alguna de las ponencias.

Y claro, también estaba lo del concierto: el sábado 22 de julio, en el patio del Hospital de Santiago (el magnífico edificio que pueden ver en la foto), durante más de hora y medio pudimos escuchar en directo la obra de Debney, Frizzell, Ottman y Poledouris, además de una suite homenaje al gran Jerry Goldsmith, en el segundo aniversario de su muerte.


En sucesivos artículos hablaré más detalladamente de los contenidos del congreso, a modo de reseña/resumen. Pero en este escrito sólo quería dejar claro que este encuentro ha sido uno de los acontecimientos más gozosos de mi vida. No tengo dudas de que, a menos que causas de fuerza mayor lo impidan, acudiré dentro de un año a la tercera edición.