Tienen que cerrar Eurovisión con un candado de los gordos y tirar la llave por la alcantarilla
Tras ver el Festival de Eurovisión 2008 el pasado sábado 24 de mayo, me reafirmo en lo que ya expuse hace unos meses: lo más sano, coherente, cabal y lógico es tomarse este certamen a cachondeo, por lo cual la opción Rodolfo Chikilicuatre me parece la más acertada. Porque vale, es hortera, friki y ridícula. Pero es así a propósito. ¿Ustedes vieron al ruso que ganó? Sí, ese que iba descalzo y de blanco nuclear, se abrió la camisa antes de dar la segunda nota y se acompañó por un violinista sobreactuado tocando un Stradivarius y un patinador sobre hielo cuyos brazos debían estar desencajados de tanto que los movió y que había que verlo para creérselo. La canción era más audible que el Chiki Chiki, aunque no dejaba de ser la enésima balada melosa, similar a otras diez que se oyeron esa noche. Pero la puesta en escena y la coreografía (por llamarlo algo)…eso sí que era friki, hortera y ridículo… ¡y era en serio! Mejor véanlo (pero sólo una vez, más sería temerario y un suicidio mental):
No voy a ser tan ácido como para decir que todo el festival fue una porquería: había canciones que, sin ser maravillas, eran más que dignas. Sin embargo, ya han visto lo que prefirió el “público soberano”. Visto lo visto, entiendo perfectamente que Austria se haya mandado a mudar del festival. Así que España, o bien se retira de futuras ediciones y deja que esas alegres repúblicas bálticas sigan votándose entre ellas, o persiste en la vía chikilicuatrera: contra la horterada, cachondeo.
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25 mayo 2008
09 marzo 2008
Europa perrearáLa conjura de Buenafuente se ha consumado, y su acólito Rodolfo Chiquilicuatre será quien represente a España en ese magno evento musical que es el Festival de Eurovisión. La noticia parece una tontería, pero propicia unas cuantas preguntas interesantes. La primera es la propia pervivencia del festival: seamos honestos, puede que en los años sesenta la ceremonia tuviera nivel, pero desde hace décadas, es una cita engorrosa a la que acuden las televisiones nacionales por tradición más que por verdadero interés. Prueba de ello es la ínfima nivel de todos los representantes durante las últimas citas. Si de verdad Eurovisión fuera ese excelso espectáculo melódico que se supone que es, lo lógico es que las estrellas más importantes de cada país se pelearan por acudir, y no es el caso.
Ante la elección de Chiquilicuatre, alter ego del cómico David Fernández, tengo sentimientos ambivalentes. Por un lado, dado que mi opinión sobre Eurovisión es muy pobre, en el fondo me alegra el triunfo de este personaje, ya que es una manera de evidenciar aún más lo ridículo y anacrónico que es el festival. Pero, por otra parte, entiendo que había muchos músicos amateur que veían en esta convocatoria una oportunidad de promoción, y han visto mermadas sus expectativas a causa de la irrupción de este personaje.
En todo caso, Rodolfo Chiquilicuatre nos sirve para reflexionar sobre el poder de la promoción frente al criterio del público, ya que es la demostración más rotunda que recuerdo de algo que todos sabíamos pero que nunca había quedado tan claro como hasta ahora: que un producto musical (o cinematográfico, o literario, o de lo que sea) que esté bien promocionado, logrará el éxito comercial independientemente de su calidad. Cualquier persona con dos dedos de frente sabe que el "Chiki-chiki" no llega ni siquiera a categoría de canción, a pesar de que su melodía la firma Pedro Guerra y su letra Santiago Segura. Es una gracieta que, si se hubiera quedado en mero sketch cómico, hubiera estado muy bien, pero planteársela seriamente es otro cantar. Pero ha logrado imponerse a otras canciones objetivamente mejores porque detrás ha tenido a Buenafuente y La Sexta haciéndole promoción diaria. La canción es divertida pero, si el mismo personaje y la misma tonadilla se hubiera presentado sin este apoyo mediático, seguro que a quienes la votaron con tanta alegría no les habría hecho la misma gracia, y ni siqueira se habría clasificado.
El éxito de Chiquilicuatre, pues, nos sirve como argumento para poner en duda el panorama música en general. ¿Cuántos discos superventas no habrán alcanzado el éxito gracias al apoyo mediático más que a sus cualidades intrínsecas? Engendros como la Macarena, el tractor amarillo, el Aserejé, la bomba o la inquietante y reciente reivindicación de Pepe Benavente son los casos más evidentes pero, si nos ponemos, seguro que apreciamos que otros grupos y cantantes en la cima también están ahí por ese apoyo mediático. Porque, en serio, ¿de verdad el "Papito" de Miguel Bosé es el mejor disco español de 2007? ¿En serio Alejandro Sanz es tan bueno? ¿Y Bisbal? Creo que, como Rodolfo Chiquilicuatre, son el producto de una buena promoción apoyada por los grandes grupos mediáticos.
Mientras, cientos de grupos se desgañitan en locales mugrientos sin tener acceso a esos canales de difusión y distribución. Entre los melómanos convencidos existe la noción de que para acceder a la verdadera música de calidad hay que alejarse de lo que ofrezcan las radiofórmulas y las listas de éxitos. Puede que sea una postura algo elitista, y tampoco vamos a condenar todo lo que tiene éxito, ya que en esa esfera también hay artistas notables, pero es cierto que muchas veces en los canales alternativos se pueden encontrar propuestas realmente interesantes y frescas.
La gala de ayer sirve, además, para certificar por enésima vez la defunción de la televisión pública española. Si hubieran querido hacer una gala más cutre a posta, no lo habrían logrado. El estudio que la acogió era tan grande como el cuarto trastero de mi abuela, y la presentadora, Raffaella Carrá, no sabía de qué iba la cosa. Para colmo, fueron patéticos los esfuerzos que los presentadores y el jurado (especialmente el jurásico Urribarri), para condicionar el voto y desprestigiar a Chiquilicuatre, demostrando escaso fair play: si TVE decidió convocar un sistema de elección tan abierto, que se atenga a las consecuencias. Y si las consecuencias son el "Chiki chiki", pues hala, a cascarla.Seguro que el año que viene la cosa es diferente, pero mientras tanto, nos toca hacer el idiota en el festival. El público ha decidido que este año Europa perreará.
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