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11 septiembre 2010

De la Iglesia gana dos premios en Venecia, que para eso es de Bilbao

Me acabo de enterar de que Álex de la Iglesia se acaba de hacer con los premios a mejor guión y mejor director en el Festival de Venecia por su última película, Balada triste de trompeta, y me alegro mucho porque creo que este autor es, de lejos, lo mejor que le ha pasado al cine español en los últimos veinte años.

Curiosamente, no creo que tenga ninguna película redonda (ni siquiera El día de la bestia), ya que tiene cierta tendencia al barroquismo que, en ocasiones, le hace perderse por los cerros de Úbeda y desequilibrar la estructura de sus películas. Pero (y reconozco que esto es un poco contradictorio), si me gusta especialmente este director es, justamente, por sus excesos, por lo burro que es a veces y lo exagerado que puede llegar a ser con la violencia y su humor políticamente incorrecto.

Es uno de los pocos autores españoles que saben crear grandes momentos cinematográficos: en todas sus películas hay siempre un varios planos, un par de ideas, tres o cuatro secuencias, diálogos… algo  que están muy por encima de la media. Y además, posee un sentido muy particular de lo épico: ya sea el cura de El día de la bestia, la vendedora de pisos de La Comunidad o el extra cinematográfico decadente de 800 balas, comienzan siendo fantoches, pero acaban protagonizando hechos asombrosos, muchos de ellos heroicos.

La cultura española posee una particular habilidad para reflejar con extrema facilidad y naturalidad lo más tremendo de la vida mundana, los horrores cotidianos, un costumbrismo terrible que se ve en el Lazarillo, La Celestina, los enanos de Velázquez, los disparates de Goya o el esperpento valleinclanesco, por citar los más tópicos. De la Iglesia ha sabido entroncar con esa secular tradición hispana, modernizarla y ponerla en sintonía con referencias de la cultura popular internacional, como ejemplifica perfectamente ese mítico plano de “La comunidad” en el que una hosca Terele Pávez que parecía sacada de La casa de Bernarda Alba brinca por los aires como la Trinity de Mátrix:




Probablemente, esto haya provocado que De la Iglesia no sea un cineasta para todos los gustos, y puedo comprender que existan cinéfilos que lo odien. Su estilo es tan extremo que realmente me sorprende que, siendo como es tan freak-friendly (por ponerlo fino), haya logrado tantos honores oficiales (dirección de la Academia de Cine, Premio Nacional de Cinematografía, ahora esto de Venecia….), normalmente reservados a creadores más exquisitos, comedidos (y por qué no decirlo: aburridos).

Para variar, da gusto que algo del cine español con éxito fuera no esté firmado por Almodóvar….

P.D. Y ya que estamos reseñando premios, no es que me haya olvidado del Príncipe de Asturias a la selección española de balompié; es que me parece una idea pésima (como me lo parecieron en su día los concedidos a la selección de Baloncesto, a Fernando Alonso o a Rafa Nadal, lo cual ya comenté en su momento). ¿Se imaginan que el Nóbel sólo se lo dieran a suecos? Pues esto es lo mismo, ya todo el planeta se ha coscado de que el Asturia’s realmente es un galardón para glorificar los éxitos del deporte español. Pues nada, que les aproveche. Pero , por favor, que no vuelvan a decir eso de “premio con gran prestigio internacional”, que me entra la risa tonta.

06 septiembre 2010

Repaso (cinematográfico) del verano

Ya he terminado de mudar la piel quemada por el sol (cuánto añoro mi linda hamaca), así que retomemos este chisme comentando las dos visitas que me permití realizar al cine este agosto:

El equipo A
Una agradable sorpresa: me esperaba una mierda y me encontré un pequeño truño. O sea, que superó mis bajas expectativas. Liam Neeson es mejor actor que George Peppard (un histrión mediocre que tuvo la suerte de participar en un par de clásicos como Desayuno con diamantes y Con él llegó el escándalo), pero hay que reconocer que lo suyo son lo papeles intensos o de mentor/maestro/guía. Para chupar puros sonriente y con una ametralladora, mejor el original.

Como el star system ha cambiado, el papel de Fénix ha sido artificialmente engordado para que el empleado del mes, Bradley Cooper, luzca cachas. Al menos es un ejemplo de que en la ignominia se está logrando la paridad: de igual modo que a las macizas las obligan a rodar absurdas escenas en bikini para que luzcan palmito, aquí al tipo lo hacen salir sin camisa a la primera de cambio. En Resacón en las Vegas Cooper se salía haciendo de canalla cachondo pero adorable; aquí se supone que debía repetir la jugada, pero se le ve más forzado que a Roger Moore haciendo de Macbeth.

Rampage Jackson pasa sin pena ni gloria como sustituto de Mr. T, pero no es culpa suya que los guionistas hayan convertido a uno de los personajes más duros de la tele en un llorica meapilas. Así que el mejor parado del cuarteto ha sido, contra todo pronóstico, Shartlo Copley como el demente Murdock, un papel en el que habría sido muy fácil caer en el histrionismo más jimcarreyesco y ramplón, y sin embargo, el tipo lo borda con la locura y diversión requeridas, sin caer en el exceso.

Que las escenas de acción parezcan un videojuego malo es ya un mal endémico del Hollywood digitalófilo actual, así que no nos vamos a enfadar mucho por ello. Si hay una secuela, no creo que pague por ella pero no me importará verla en la televisión.

Origen
 Me alegro de haber esperado para escribir sobre esta cinta, ya que de haberlo hecho inmediatamente después de haberla visto, seguramente seguiría hechizado por sus fuegos de artificio y la habría tachado prematuramente de obra maestra.

Ojo: no es una mala película, de hecho es una gran película, pero he leído últimamente tantas reseñas laudatorias que a mi yo maligno le apetece contrastar un poco y no encumbrar en exceso lo que no es más que una astuta pieza de orfebrería narrativa.

Sus escenas, consideradas de manera independiente, son brillantes, pero unidas dan por resultado un metraje alargado en exceso. Los actores son todos excelentes, y en especial Di Caprio, Hardy y Gordon-Levitt exudan carisma por los cuatro costados. Pero, salvo en el caso del primero de ellos, están al servicio de personajes esbozados de una manera tan sumaria como la de cualquier película de acción media (de hecho, personalmente me habría gustado saber algo más del resto del equipo protagonista, pero ya se sabe que Di Caprio es el que manda ahora en el negocio y hay que lucirlo).

Es una película que revisaré y probablemente pille en formato doméstico, porque, repito, tiene escenas de antología. Pero a fecha de hoy, creo que es la cinta más floja de Christopher Nolan. Ahora, que se centre y nos regale un Batman 3 a la altura de las anteriores entregas.

Y que conste que no tengo nada en contra del cine formalmente brillante pero vacuo: una de mis películas favoritas es Con la muerte en los talones, una de las cintas más tontorronas de Alfred Hitchcock. Pero Origen no es lo suficientemente divertida como para perdonarle su metraje excesivo y su tono excesivamente circunspecto.

27 junio 2010

Reseña: “Kick Ass”

Kick Ass, película dirigida por Matthew Vaughn basada en el comic homónimo de Mike Millar y John Romita Jr., es una de esas cintas que tienen más gracia contadas que vistas.

La historia de un adolescente sin poderes (y sin sesera) tan obsesionado por los tebeos que, cual Quijote posmoderno, se enfunda una licra y se pone a luchar contra el crimen con patéticos resultados, suena a comedia tronchante. Y si a la ecuación añadimos la aparición de dos hiperviolentos superhéroes “de verdad”, uno de los cuales (Hit Girl) es una niña de trece años con especial habilidad para el homicidio con armas blancas, la cosa deviene en material altamente transgresor. Sin embargo, la cinta llega a hacerse pesada por momentos, y la historieta de la angelical nenita asesina cansa a partir del sexto cadáver.

El comic original resultaba mucho más descarnado, y acaso el estilo tendente a la caricatura del dibujo ayudaba a sobrellevar una historia tan oscura. La película lima muchas de las asperezas de la historia original, lo cual, por cierto, es una muestra de cinismo de los cineastas: todos los artículos promocionales que se han publicado sobre Kick Ass hacen hincapié en el hecho de que es una producción independiente porque todos los estudios a los que se presentó el guión lo rechazaron por considerarlo demasiado atrevido.

Sin embargo, la adaptación cinematográfica ha “hollywoodizado” muchos elementos, de tal modo que la historia amorosa del protagonista resultará más edulcorada que en las viñetas, el trasfondo de Hit Girl y Big Daddy, su super-padre, es más dramático, y el clímax de la aventura resulta más pirotécnico y “peliculero” en el mal sentido.

El tebeo de Millar y Romita Jr. resultaba más consecuente con las premisas que se había trazado: los autores proponían una historia oscura y grandguinolesca llevada a sus últimas consecuencias, en las que se demostraba que si los superhéroes, existieran en la vida real, serían personas violentas con relaciones disfuncionales y que por sus actos no obtendrían reconocimiento social ni satisfacciones personales.

La película respeta ese espíritu durante dos tercios del metraje, para dar una vuelta de 180 grados en el final y terminar siendo otra película de superhéroes más (acaso más violenta), en la que el chico se queda con la chica y hay hasta un fotogénico vuelo nocturno entre los rascacielos de la ciudad. Los trailers nos vendieron una historia que presumiblemente iba a romper con todos los tópicos, pero al final los asumió todos de una tacada.

Por supuesto, se puede realizar una adaptación infiel que resulte una gran película, peor este no es el caso, en parte porque el exceso de hemoglobina la que se despliega en su metraje produce bastante rechazo en un espectador mínimamente sensible. Durante la escaramuza final, los saltos, volteretas, decapitaciones y acuchillamientos de Hit Girl son acompañados con una “marchosa” canción Rock, para que nos quede claro lo molón que es el rollo.

En este punto, es cuando certifiqué que ya me estoy haciendo mayor, porque sé que hace diez años me habría encantado la escena, y ahora me resultó de mal gusto y me llevó a preguntarme qué clase de sociedad es la que estamos construyendo cuando las películas veraniegas para adolescentes glorifican el asesinato como una de las bellas artes.

Además, desde el punto de vista puramente estético, las batallitas de esta cinta me reafirmaron en algo que ya pensé cuando vi Sin City: que el papel lo aguanta todo, no así el celuloide. La película de Robert Rodríguez y Frank Miller trasladaba viñeta a viñeta la historieta a la pantalla, y sin embargo, lo que en el álbum era estilizado y atractivo, en pantalla resultaba tosco y exagerado. En Kick Ass, el director parece haberse dado cuenta de esto, ya que, aún siendo muy explícitas, las escenas violentas no llegan a los extremos gore del tebeo. Sin embargo, siguen resultando grotescas.

El apartado técnico, todo hay que decirlo, es excelente. Siempre he pensado que Matthew Vaughan (Layer Cake, Stardust) era bastante mejor director que el modernito exmarido de Madonna, Guy Ritchie (a quien Vaughan produjo sus primeras, y mejores, cintas). En esta ocasión, la puesta en escena es dinámica, adecuadamente grandilocuente cuando lo requiere el momento, y con mucha atención a la dirección de actores, aspecto que se suele obviar en las películas de este estilo: Aaron Johnson se luce como el protagonista atolondrado con encanto, y Mark Strong sigue demostrando que, hoy por hoy, es uno de los mejores secundarios que hay en pantalla, si bien debería dejar de interpretar a villanos urgentemente, o va a acabar más encasillado que Dennis Hopper (que en gloria esté).

En suma, Kick Ass busca ser tan rompedora y epatante que su final más bien tradicional acaba rompiendo el encanto. En cuanto a lo de que una niña de trece años blandiendo katanas que ríete tu de Uma Thurman en Kill Bill, dejamos a gusto del consumidor que considere si es o no un gran chiste.

30 mayo 2009

El día de Canarias y la cultura

Hoy celebramos en Canarias el día institucional de la comunidad autónoma. Y, como no podía ser de otra manera, se han organizado varios actos que pretenden poner de manifiesto las señas de identidad del Archipiélago y la grandeza de su cultura. Hasta ahí perfecto, como idea nada que objetar. El problema es que, invariablemente, todo acaba siendo una glorificación del tipismo y el folklore.

Que nadie me malinterprete: no tengo nada en contra de las manifestaciones más típicas de “lo nuestro” (expresión que se ha erigido ya en toda una categoría estética: en Canarias tenemos “lo bello”, lo sublime” y “lo nuestro”). Es más, yo desayuno todos los días con gofio (de millo, para más señas); mi abuelo participa en una rondalla de la asociación de vecinos, lo cual me parece maravilloso porque así el hombre tiene vidilla a pesar de la edad; en casa todos los Viernes Santos nos inflamos a sancocho de cherne salado; e incluso defiendo que “La cantata del mencey loco” de Los Sabandeños y “El romance del Corredera” de Mestisay son grandes obras de la música popular. Vamos, que no me molestan las isas, las folías y las romerías.

Lo que me molesta es que sea eso lo único que se glorifique en estas festividades.

¿Es que no hay cultura más allá del zurrón del gofio que les traigo aquí bajo la farola del mar? ¿No hay grupos de rock, de jazz, de blues, de hip-hop? ¿No hay dibujantes de comic? ¿No hay fotógrafos? ¿No hay pintores y artistas plásticos que tengan otros horizontes estéticos más allá de las marinas y los paisajes de Las Cañadas? ¿No hay escritores que se dediquen a la novela negra o, incluso, a la ciencia ficción? ¿Cineastas cuyas películas trasciendan el costumbrismo que aquí tanto se destila? En fin, ¿es que no hay nada más allá de aquello que la oficialidad nos pretende imponer?

Por supuesto que lo hay, y mucho, y bueno. El problema es que no se le da bola. No interesa a las instituciones y, lo que es peor, incluso se minusvalora. Estoy convencido de que para muchos, “No-Do", la próxima película de Elio Quiroga, no es cultura canaria porque es una película de terror en la que no salen vistas molonas de la playa de El Golfo en Lanzarote.

Prueba de todo esto es la programación de la televisión autonómica prevista para hoy: la típica gala con la pachanguita habitual, una romería desde Las Palmas, un Canarias Directo especial que no hace falta ser adivino para saber con qué clase de cosas va a conectar… lo de siempre.

Para disimular, ponen cine canario… a partir de la medianoche: “La caja” de Juan Carlos Falcón y una selección de cortos de cineastas isleños (incluido “Algo que aprender” de Eugenia Arteaga, compañera de fatigas en el Aula de Cine de la Universidad de La Laguna), que claro, a esas horas, si lo ve alguien, es porque acaba de llegar a casa chuzo perdido de la romería que retransmitió “la Nuestra”). Poner esas películas a esas horas y no poner nada es lo mismo, desde luego, no es lo que yo entiendo como difundir la cinematografía autóctona.

En suma, sé que lo que he escrito puede molestar a algunos y ser malinterpretado por otros. Pero insisto: cultura canaria sí. Pero toda, no sólo la etnográfico-folclórica (que, repito, me parece perfecto que exista y defienda).

28 mayo 2009

El berrinche de Almodóvar

Pedro Almodóvar ha escrito hoy en su blog una extensísima nota en la que lamenta la cobertura que los periodistas de El País enviados al último Festival de Cannes, Carlos Boyero y Borja Hermoso, han realizado de su película “Los abrazos rotos”. El director aduce que ambos poseen una manifiesta antipatía hacia él desde hace años, y compara los escritos de este año con los que realizara Ángel Fernández Santos en Cannes 2004 para el mismo periódico, cuando presentó la fallida “La mala educación”. En un momento dado, cuestiona la validez profesional de los aludidos al preguntar: “¿Es posible que el diario El País no encuentre a nadie mejor para enviar al festival de Cannes?”.

El director concluye su texto reflexionando: “Los críticos y los periodistas no son intocables”.Y aunque esta conclusión a la que llega Almodóvar es el evidente fruto del nada disimulado orgullo herido, pone sobre el tapete una cuestión de lo más pertinente: ¿es lícito criticar al crítico?

Creo que la respuesta es, obviamente, sí. Aunque la crítica se nutre de obras ajenas para tener sentido, es en sí misma una pieza literaria susceptible de ser analizada. Es cierto que a algunos, más que críticos, habría que llamarlos cítricos, pues llegan a desarrollar un falso sentido de la impunidad que les lleva a cepillarse alegremente una película, utilizando cruelmente la obra analizada como mera base para desarrollar ejercicios de mala baba.

Pero ese es su trabajo, es lo que los lectores esperamos y por lo que se les paga : opinar, ya sea positiva o negativamente, ya sea en tono sarcástico o laudatorio, sobre la obra. Siempre que esté bien escrita y mínimamente argumentada, la crítica tiene validez. Otra cosa es que nos guste más o menos su estilo, o que compartamos o no su juicio. Pero que un crítico desarrolle un escrito subjetivo no es que sea un derecho, es que es su obligación.

El status quo cinematográfico parece disponer que el cineasta debe estrenar su obra y quedarse callado sin rechistar ante los juicios de la prensa . En otros ámbitos, como el literario, se admite más (aunque no sea común) que el artista responda, y a lo largo de la historia ha ejemplos de polémicas con réplicas y contrarréplicas entre escritores y críticos. Sin embargo, es algo poco frecuente en cine. Y no veo por qué, ya que aunque es cierto que el artista tiene su obra como principal argumento, no se le debería vetar la posibilidad de matizar opiniones a posteriori. Derecho de réplica, lo llaman.

Sin embargo, una vez dicho lo anterior, y reconociendo que los escritos de Boyero a veces pueden ser incendiarios, en este caso particular me decanto por el periodista, y creo que este episodio almodovariano tiene mucho de ataque de divismo. Si antes decíamos que algunos críticos llegaban a desarrollar el falso sentido de impunidad, algo similar les sucede al algunos artistas: es lo que llamamos “endiosamiento”, y creo que Almodóvar ya ha llegado a ese punto.

Es un cineasta aclamado globalmente al que nadie le tose, y cuando mete la pata, la tendencia habitual es a decirlo con la boca chica. Al manchego se le trata con guantes de seda y entre algodones, y persigue una unanimidad universal sobre su genialidad que no admite que nadie opine nada malo contra su cine.

Leyendo su escrito podría parecer que El País es un periódico que lo trata fatal, cuando es justo lo contrario: el director rodó en su redacción parte de “La flor de mi secreto”, y recientemente dedicó un amplísimo reportaje en su semanario a “Los abrazos rotos”. Vamos, que le ha dado una cobertura que para sí la quisiera el resto de cineastas de España y parte del extranjero, pero eso no le basta al señorito. Dice que los críticos y los periodistas no son intocables. Pues que se aplique el cuento: los cineastas tampoco, por muy geniales que sean (o crean ser).

Las criticas de Boyero son realmente furibundas, el tío no se corta un pelo y a veces puede ser grosero y desagradable, no voy a ser yo quien defienda su estilo incondicionalmente. “No me interesa ni el presente ni el futuro de Almodóvar. Sí algunas películas que ha hecho en el pasado, pero no muchas.”; eso lo dijo la semana pasada y se quedó tan ancho. ¿Duro? Sí. Pero si no le gusta Almodóvar, está en su derecho de proclamarlo, y si le molesta al cineasta, pues o se aguanta o escribe una nota como la de hoy, y a polemizar, que también es muy divertido.

Por tanto, no censuro que Almodóvar haya respondido. Es más, como dije al principio, me parece sano y por supuesto que está en su derecho. Pero no me ha gustado cómo lo ha hecho, en especial esa preguntita con retintín de “¿es posible que el diario El País no encuentre a nadie mejor para enviar al festival de Cannes?”. Suena a la cacicada de un tipo con evidente poder en la industria cinematográfica intentando coaccionar a un periódico para que boicotee a sus díscolos muchachos. Estoy convencido de que Almodóvar creyó que con ello presionaría al periódico para que abroncara a sus díscolos empleados y acallarlos en el futuro.

Por ahora, va perdiendo la partida: el Comité de Redacción del periódico ha respondido al cineasta con un escrito tan breve como contundente. Merece la pena leerlo.

07 mayo 2009

El nuevo papel de Scarlett Johansson…

…es un personaje secundario en Iron Man 2 llamado la Viuda Negra. Una ex espía soviética experta en armas de fuego que no se sabe si es buena o mala. Su aspecto (según el polémico dibujante Greg Land) es este:

Por si no ha quedado clara, repito la idea: en su próxima película, Scarlett Johanson va a salir aproximadamente con estas pintas:


Creo que ya captan mi interés por esta noticia.

Yo ya tenía pensado ir a ver esta película, dado que como ya expuse por aquí, la primera parte me pareció francamente divertida y en ella Robert Downey Jr, actor que me cae muy simpático, estaba que se salía. Pero digamos que esta noticia de casting ha aumentado mi interés. Que es puramente cinematográfico, por supuesto.

Para rizar el rizo, el director de esta secuela, Jon Favreau, publicó ayer la siguiente entrada en su Twitter: “6 de mayo- Primer día de Scarlett en el plató con el traje de Viuda Negra. Nunca habrás visto a un equipo técnico ponerse en silencio tan rápido”.

La verdad es que el de Viuda Negra es un personaje bastante secundario en los comics. Responde a un arquetipo bastante recurrente entre guionistas y dibujantes para crear villanas, que podríamos denominar sucintamente como “tía-buena-sin-poderes-pero-con-habilidades-en-las-artes-marciales-que-viste-un-absurdamente-apretado-traje-de-cuero-negro-brillante-totalmente-inapropiado-para-el-combate”.

En esta categoría la reina es, por supuesto, Catwoman, de DC Comics. Le sigue de cerca su plagio made in Marvel Comics, la Gata Negra, que básicamente es Catwoman (incluso comparte oficio de ladrona y se llama casi igual), pero con el pelo rubio, suelto y mas escotada. La Viuda Negra es otra más del grupo, mucho menos ilustre que las anteriores (aunque sospecho que tras su paso por la gran pantalla, su popularidad va a crecer).

Si esta entrada del blog les ha parecido sexista y frívola, les doy toda la razón. Pero les aseguro que no va a ser nada comparada con la que escribiré cuando aparezca la primera foto de Scarlett con su vestuario. Están avisados.

18 abril 2009

Hollywood Babilonia 2009

Kenneth Anger se hizo famoso (para algunos infame) gracias a su saga de libros Hollywood Babilonia, en los que relataba las historias más sórdidas del mundo del celuloide, y desde entonces, la crónica negra de las estrellas de la pantalla se ha convertido en un apartado esencial del periodismo cinematográfico, más cercano, eso sí, a la crónica de sucesos que a la rosa. Por desgracia, de vez en cuando nos llegan noticias que nos recuerdan que no es oro todo lo que reluce en la meca del cine… al fin y al cabo, hasta el Oscar solamente está bañado de oro. Esta semana ha sido, en este sentido, especialmente prolija en malas noticias.

Para empezar, el productor musical Phil Spector ha sido declarado culpable de homicidio en segundo grado por haber matado con un tiro en la boca a la actriz Lana Clarkson. Cualquier persona con un mínimo de culturilla musical sabrá que Spector no era un cualquiera: estuvo detrás de discos míticos como Let it Be de Los Beatles o Imagine de John Lennon, y produjo a gente como George Harrison, Leonard Cohen, Los Ramones o Ike y Tina Turner.

Clarkson, en cambio, solo tuvo cierta notoriedad friki al protagonizar engendros como Deathstalker y las dos partes de Barbarian Queen, subproductos perpetrados en los 80 por la productora Concorde de Roger Corman para explotar el éxito de Conan el bárbaro mediante aventuras de espada y brujería de rebajas, en las que la protagonista destacaba más por su facilidad para quedar en top less que por sus dotes interpretativas. Aún no se conoce la pena que le caerá a Spector, pero es seguro que le esperan varios años de cárcel.

Otra sentencia, este caso de muerte, es la que ha recibido el antiguo actor juvenil Skylar Deleon. Por supuesto no les suena, pero sí la serie más célebre en la que trabajó: los Power Ranger (él interpretaba al que iba de rojo). Al parecer, el tipo, tras su paso por televisión, se convirtió en un criminal peligroso: se le ha condenado por asesinar a un matrimonio a las que robó el yate, y ya estaba en prisión por haber degollado a la víctima de otro de sus robos. El Power Ranger rojo condenado a muerte… casi suena a chiste de El Jueves, si no fuera porque es una macabra realidad.

También murió a los 56 años esta semana Marilyn Chambers, actriz pornográfica que protagonizó en 1972 Tras de la puerta verde, una de las películas que ayudaron a sacar al cine X de la clandestinidad. Las causas de su muerte no se han aclarado, pero la policía ha descartado causas no naturales. Curiosamente, Linda Lovelace, protagonista de la otra gran cinta para adultos de la época, Garganta profunda, murió en 2002 en accidente de tráfico. Cualquier escritor con ansias de escándalo ya se habría sacado de la manga una “maldición de las divas porno setenteras"...

Hollywood es el reino de los sueños; pero ocurre que a veces algunos se tornan pesadillas. Por mi parte, creo que esta es la única vez que remedaré a Kenneth Anger. Cómo ejercicio ha estado bien, pero me ha parecido profundamente desagradable. Y aunque si me pusiera, creo que podría igualar su pluma viperina, me he contenido a propósito: me parece de mal gusto.

08 abril 2009

Ni un día le han dado a la ministra

Al parecer fue Roosevelt quien instauró aquello de los cien días de margen al nuevo gobierno antes de criticarlo. Pues a la nueva ministra de Cultura la comunidad de internautas no le ha dado ni 24 horas. Fíjense en el pantallazo que les adjunto (pinche sobre la imagen):


En Facebook ya se han abierto cuatro grupos contrarios a González Sinde. Tres apenas llegan a los 50 miembros, pero el primero posee la nada desdeñable cifra de 3.585 antes de las 10 de la mañana del 8 de abril. Y es que, como decíamos ayer, está claro que va a ser la ministra contraria a las descargas de Internet (que, no lo olvidemos, a día de hoy no son constitutivas de delito si no hay ánimo de lucro).

Tengo claro que bajarse pelis de la red es una chorizada, pero no me siento especialmente culpable porque tampoco me sentía mal cuando un colega me pasaba una cinta de casette grabada, ni tengo remordimientos cuando saco un libro de una biblioteca. ¿Se imaginen que cierren las bibliotecas porque en ellas se hace intercambio de libros sin pasar por caja? Dirán que la industria del cine necesita sobrevivir pero, si nos ponemos en ese plan ¿acaso no lo necesita también la del libro?

El tema de las descargas es complejo, y debe mirarse con perspectiva. Porque si observamos Hollywood, cada día hacen películas más caras que registran taquillas millonarias, y ello a pesar de las descargas en la red. El problema del cine español y de su baja cuota de pantalla es otro, pues ya se sabe que ni siquiera es el más descargado de Internet. Luchar contra las descargas es hacerle un gran favor al cine yanqui, pues es el más afectado.

Culpar a un enemigo externo como la piratería es, además, un arma de doble filo para la ministra. Porque supongamos que legisla, acaba con el “problema”, y logra que en España ya nadie baje películas a través del E-mule. Pues bien: tengo ganas de ver qué cara se le va a quedar cuando compruebe que las cuotas de pantalla del cine nacional van a seguir siendo las habituales (es decir, bajas).

Además, en esta batalla la ministra chocará de frente contra las operadoras de telecomunicaciones, que saben perfectamente que gran parte de su negocio está en la gente que se baja películas y canciones, y por ello oferta cada vez más megas de velocidad. Si se cierra el grifo del P2P, ¿quién va a seguir pagando el ADSL más caro de Europa para ver sólo su correo electrónico?

Con todo, mucha suerte a la ministra. Porque la va a necesitar.

07 abril 2009

Terremotos

Dos en lo que llevamos de semana. El de Italia, terrible: ¿Qué decir ante desgracias de ese calibre? Sólo solidaridad con las víctimas, y dos reflexiones que llegan a vuelapluma. La primera, obvia: pese a nuestro (supuesto) intelecto superior, cuando la naturaleza se desboca, los humanos seguimos siendo tan patéticos como aquellos cromagnones de las cuevas, y tan vulnerables como cualquier alimaña que repta sobre la faz de la tierra.

La segunda, un poco demagógica: siempre parece que estas desgracias suceden muy lejos, que los terremotos, volcanes y tsunamis sólo se ceban con Sudamérica o el lejano Oriente. Pues bien: ha tocado en Italia, como podría muy bien tocarnos aquí, que, no lo olvidemos, estamos sobre un mar de lava dormido. Los fenómenos de esta clase no distinguen entre primeros y terceros mundos.

En cuanto al otro terremoto, es el que ha montado Zapatero. Porque si al año de ganar las elecciones modifica al titular de un ministerio, es un cambio; a dos, una remodelación; a tres, una crisis. Pero cuando cambia a seis, eso es un terremoto institucional. Seis, media docena, en un día, con un par. Y luego dirá que no pasa nada.

Trinidad Jiménez y Chaves son dos sospechosos habituales, así que poco (bueno o malo) se puede esperar. Lo de Gabilondo creo que es un acierto: lleva años como presidente de la Conferencia de Rectores de Universidades Españolas (CRUE) con buen tino, y hace falta alguien de su perfil conciliador para explicar medianamente bien ese galimatías del Espacio Europeo de Educación Superior, alias Bolonia.

Lo de González Sinde en cultura me da que pensar... mal: como presidenta de la Academia de Cine, fue una defensora de la lucha contra la piratería en Internet, así que no me extrañaría que en su mandato se endureciera esta batalla y la SGAE campara a sus anchas (¡horror!). Y vale que es un delito, que es inmoral y que hay que erradicarla. Pero sólo con eso no solucionará el problema del cine español, que es sistémico.

En su último discurso de los Goyas, la ahora ministra hablaba de que la piratería estaba acabando con el cine español. Y eso es falso: si se miran los índices de películas más descargadas de Internet, resulta que el porcentaje de nacionales es ínfimo. Al cine español no lo quieren ver ni pirateado. Así que mejor harían en buscar las razones de su sempiterna crisis dentro de casa...

29 octubre 2008

Reseña: "Hellboy 2. El ejército dorado"

Una nueva colaboración en Tumba Abierta, en este caso centrada en la última película de Guillermo del Toro, la nueva aventura de este personaje de comic creado por Mike Mignola que podréis leer en este enlace.

24 octubre 2008

Tetosterona reconcentrada

Miren el póster de la última película dirigida y protagonizada por Clint Eastwood:


Clint encabronado en plan vaquero urbano, un rifle, y un coche que, para más inri, es un Ford Gran Torino, el mismo que conducía Starsky (¿o era Hutch?) ¿Es o no es una inyección de tetosterona en vena?


En esta época políticamente correcta, esta loa al macho de otros tiempos tiene un punto provocador. Parece que Clint reta a todos los meapilas del mundo como diciéndoles: “¿Qué miras, gilipollas?”. El cineasta siempre tuvo un punto fachilla que a veces logra disimular con cosas como “Bird” o “Million Dollar Baby”. Pero aquí ha dejado entrever su vena más Harry el sucio, y la cosa, a pesar de los posibles conflictos ideológicos que me pueda acarrear (algún día explicaré mi relación de amor-odio con el cine de acción estadounidense), tiene buena pinta.

El miedo es que Clint, un muy buen director, ha firmado también un par de truños que, precisamente, eran cintas de acción (“El principiante” y “Firefox”). Pero da igual: si al final la peli no vale la pena, hay que reconocer que el poster le quedó más chulo que un ocho. El hombre sin nombre ha vuelto…

05 octubre 2008

Reseña: "Wall-E. Batallón de limpieza"


Me acaban de publicar otra reseña en la web dedicada al terror y a lo fantástico Tumba Abierta. En este caso, babeo un poco glosando las muchísimas virtudes de la última maravilla de Pixar, Wall-E. Pinchen aquí para leerla.

29 septiembre 2008

Saludos a Butch Cassidy


Paul Newman nos ha dejado. Elegante hasta el final, murió en su casa, rodeado de su familia, cerca de Joan woodward, la mujer con la que protagonizó uno de los romances más serenos de Hollywood.

A los cinéfilos nos queda la amargura de saber que nunca veremos más en pantalla a este enorme intérprete dotado con un sexto sentido para dar con el tono justo en cada interpretación: sobrio en “El buscavidas”, absolutamente desquiciado en “El juez de la horca”, burlón en “El castañazo”, irónico en “Harper, investigador privado”; intenso en “La leyenda del indomable”… siempre con el matiz preciso en su papel, lo cual le permitió escapar del encasillamiento y no caer en esa repetición de tics que han hundido el prestigio de otros intérpretes como Pacino, De Niro o Nicholson, que llevan demasiados años haciendo su numerito y vilipendiando así su propia leyenda.

En Newman confluyeron dos grandes tendencias interpretativas: formado en el Actor’s Studio, poseía la técnica necesaria para involucrarse emocionalmente hasta el límite en personajes complejos, como demostró en “Marcado por el odio” o “La gata sobre el tejado de Zinc”. Sin embargo, también poseía la naturalidad, el carisma y el timing cómico de las estrellas anteriores a los años cincuenta. En Newman se dio de esta manera una fusión armónica de dos vertientes del arte dramático casi antagónicas. Ese era su milagro: podía jugar indistintamente tanto en la liga de Brando como en la de Bogart.

Sus azules ojos tristes, combinados con una sonrisa socarrona, eran un arma de encanto masivo. Quizá por ello, su única asignatura pendiente fue encarnar a un villano memorable. Lo más cerca que estuvo fue en “Camino a la perdición”, y le dio un toque paternal al personaje que evitó que lo odiáramos. Y es que, por mucho que lo intentara, ¿quién podría haber creído que el bueno de Newman era mala gente?


Hoy revisaré de nuevo “El golpe”, con la esperanza de que, al igual que en esa película, la muerte del actor sólo sea una treta para escapar airoso del malvado de turno. Newman no ha muerto, simplemente se ha fugado a algún recóndito paraíso, llevándose consigo el botín de nuestra admiración.

Paul, cuando llegues, saluda a Butch Cassidy de mi parte.


(Foto: Newman como Butch Cassidy en "Dos hombres y un destino")

18 junio 2008

El creador de monstruos


Ha muerto Stan Winston. Para la mayoría de las personas, incluso las aficionadas al cine, este nombre no les dirá mucho. Pero seguro que conocen a Terminator, al depredador, a la reina de los Aliens, a Iron Man, a Eduardo Manostijeras o a los dinosaurios de Spielberg. Pues bien, todos ellos fueron diseñados y concebidos por este maestro del maquillaje y su equipo.

Hay géneros en los que las aportaciones de los técnicos es crucial y, en ocasiones, tanto o más importante que el de actores y directores. En el cine fantástico, el trabajo de diseñadores, maquilladores y supervisores de efectos especiales resulta determinante para el éxito de una película: hay obras maestras del género con trucajes deficientes y criaturas de cartón piedra, pero es cierto que por muy buenos que sean los actores o la puesta en escena, si los efectos “cantan” demasiado, será más difícil que el público se deje atrapar por la ficción.


Por muy bueno que fuera Karloff, el monstruo de Frankenstein son sería nada sin las tuercas que le puso Jack Pierce; ni el Exorcista sin el puré de guisantes de Dick Smith; ni los pájaros de Hitchcok sin las pinturas matte de Albert Whitlock ; ni el viaje sideral de 2001 sin las luces alucinógenas de Douglas Trumbull; ni el romance de King Kong sin la animación de Willis O’Brien; ni las aventuras de Simbad sin las criaturas de Ray Harryhausen; ni las mutaciones de La cosa sin el ingenio de Rob Bottin…


Stan Winston estaba en ese Olimpo del cine fantástico. No era un maquillador, ni un técnico de efectos especiales; ni un diseñador, sino todo ello a la vez, por lo que en los últimos tiempos su aportación aparecía acreditada como “Efectos de Criaturas”, ya que esa era su misión: mezclar toda la tecnología que existe para dar vida a los monstruos, si bien poniendo especial énfasis en los efectos que se pudieran crear en directo, ya fuera con marionetas o con prótesis de maquillaje.


Para los amantes de la fantasía y del cine como instrumento para crear imágenes fascinantes, se ha perdido un gran artista.


(Foto: Winston apunto de ser mordido por su mítico Tiranosaurio)

03 junio 2008

En busca de la magia perdida

Hay cosas que mejor es no tocarlas, y una de ellas era la trilogía de Indiana Jones. Siendo honestos, ninguna de sus partes era, en sí misma, una película 100% redonda (aunque la primera casi lo era), pero en conjunto habían logrado crear un mito contemporáneo a partir del arquetipo del héroe clásico, tamizado por unas pinceladas de ironía postmoderna y algo de la acción cruel propia de los ochenta. El plano final de "La última cruzada" era un gran colofón: la silueta de los héroes recortada contra la puesta de sol, otorgándoles un halo mítico y anunciando un porvenir de más aventura.


Por desgracia, la nostalgia mal entendida y la avaricia han hecho que el mito regrese dos décadas después, con brillo, pero sin magia: "Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal" es un espectáculo brillante en lo técnico, con algunos planos que quitan el aliento, pero carente de todo humor y carisma. Los personajes deambulan como almas en pena de un decorado a otro y no hay química entre ellos: resulta sintomático que la pareja Harrison Ford- Karen Allen que tan bien funcionó hace un cuarto de siglo ahora quede tan forzada en pantalla.


Desaprovechar a Cate Blanchett de la manera que se hace en esta película es un delito cinéfilo: su personaje es presentado de manera impecable, anunciando que vamos a disfrutar de una de esas villanas de antología…y a mitad de película es como si se hubieran olvidado de escribirle las líneas, tornando a esta agente del KGB en un pelele con peinado a lo Louise Brooks. Además, tanto anunciar sus supuestos poderes mentales media película, y al final éstos nunca llegan a despuntar.

Lo peor, sin duda, es el modelo de escena de acción elegido, más acorde con las modas actuales a lo Michael Bay que a la propia tradición de la serie: en las películas anteriores, las hazañas de Indy eran exageradas y totalmente imposibles, pero de alguna manera Spielberg lograba la necesaria suspensión de descreimiento para que nos las tragáramos, o al menos las remataba con algún gag humorístico digno.

En cambio, en esta entrega todo suena a falso y artificial: la persecución en la selva tiene un momento Tarzán sonrojante, amén de un improbable duelo a espada a bordo de un coche que parece más propio de los piratas del Caribe que de Indiana Jones. Tampoco ayuda que en estas escenas el ordenador y los decorados canten tanto: quizá el éxito de escenas tan alocadas en las partes precedentes se debiera a que sus trucajes no eran tan evidentes y, por tanto, la ilusión de realidad era mayor.


Harrison Ford conserva intacto su carisma: lo suyo es hacer de pícaro bravucón despendolado, ya sea un arqueólogo o un cazarrecompensas galáctico. Desde que le ponen un traje, matan todo su encanto. Y se ha pegado veinte años trajeado, así se explica su declive de los últimos lustros. Este filme recupera lo mejor del actor, pero él solo no puede levantar el espectáculo: eso es un hazaña imposible incluso para Indiana Jones.

Lo que podría haber sido un gran reencuentro, se queda en un competente y entretenido espectáculo, en el que a veces se vislumbra le genio de Spielberg, pero que se queda corto. Aunque puede que el problema sea que las expectativas eran demasiado altas…

28 mayo 2008

Uno de los grandes
Los aficionados al cine solemos tener nuestro panteón de directores y eso nos convierte en ocasiones en seres monotemáticos que hablan siempre de los mismos: que si Coppola, que si Carpenter, que si Scorsesse, que si Burton, que si blablablá… Por ello, no es de extrañar que frecuentemente caigamos en injustos olvidos, como si no hubiera más cineastas destacables en el mundo. A mí me ha pasado esto con Sidney Pollack, un director que, a priori, nunca diría que es de mis favoritos. Al leer la triste noticia de su muerte, hice un repaso mental de su filmografía, y sólo entonces reparé conscientemente en que el tío era un director como la copa de un pino.

Hagan memoria: Danzad, danzad, malditos; Los tres días del cóndor; Las aventuras de Jeremiah Johnson; Tal como éramos; Tootsie; Yakuza; El jinete eléctrico; Memorias de África; La tapadera… ya quisieran muchos directores laureados tener en sus filmografías la mitad de estos títulos, sobre todo los de los 70 y mediaods de los 80, su periodo de más calidad. Incluso sus peores películas, como La intérprete tienen grandes momentos (en este caso, la electrizante secuencia del atentado). De repente, me he sentido mal por haber mantenido en mi escala cinéfila a este figurón en un escalafón tan modesto. Era un estupendo director de actores y, aunque se lo tiene sobre todo por un director romántico, también era un maestro en las escenas de suspense.

A ello deberíamos añadir su calidad interpretativa, sobria pero convincente (justo las mismas características de su dirección). Últimamente había hecho de abogado sin escrúpulos en Michael Clayton, pero también es estimable su corta pero hilarante secuencia en La muerte os sienta tan bien, su secundario de lujo a las órdenes de Kubrik en Eyes wide shut y, sobre todo, su papelón en Maridos y mujeres, de Woody Allen.

Curiosamente, hace un par de días leía acerca del estreno de un telefilm producido por él protagonizado por Kevin Spacey, titulado Recuento, que ha tenido muy buenas críticas y que no sé yo si podremos ver por estos lares. Narra en clave de farsa el irregular escrutinio de votos que dio la victoria a George W. Bush en Miami Dade frente a Al Gore (Pollack era del frente progre de Hollywood, motivo que aumentan aún más mis simpatías).Y un día después, me toca leer su fatídico obituario. Una verdadera lástima, porque se ha ido uno de los grandes… sólo que he tardado algo de tiempo en darme cuenta.


22 mayo 2008

Héroes

Hoy estrenan la última película de Indiana Jones (de la cual hablaré cuando haya podido verla, ganas no me faltan), y se palpa en el ambiente mucha expectación. Acaso porque estamos faltos de héroes, y por ello disfrutamos tanto cuando podemos ver a uno en acción, aunque sea en el cine. La realidad es dura y compleja, y no parece apta para heroicidades: a la hora de la verdad, pocos serían capaces de arriesgar su vida por la de otra persona o por luchar contra la injusticia. Pero de vez en cuando la vida nos regala a una persona extraordinaria que, en ocasiones, posee un valor superior al de cualquier ficción.

Desde hace años las costas de Gran Canaria cuentan con un peculiar guardián, de nombre Manuel Sosa, más conocido como Sandokán, que ha salvado más de doscientas vidas de bañistas en apuros. El hombre ahora pasa por un duro trance de salud del que poco a poco se está recuperando, y desde ayer ostenta la flamante Medalla de Oro de Canarias, que recibirá el próximo 30 de mayo. Puede que no sea tan fotogénico como Harrison Ford, pero desde luego que tiene el mismo carisma y muchísimo más valor. Desde aquí, enhorabuena.

(Foto: Manuel Sosa, foto de Juan Carlos Alonso para Canarias7)

16 mayo 2008

Si Kubrick levantara la cabeza...

No me gusta abusar de vídeos de Youtube, pero este es francamente divertido: unos tipos han realizado un nuevo trailer de la terrorífica "El resplandor", de Stanley Kubrick, y la han convertido... ¡en una comedia familiar!




Pueden encontrar muchos más en The trailer mash, página en la que internautas ociosos se dedican a remontar clips promocionales de películas. Así, han convertido "El rey león" en una peli de terror, y Brokeback Mountain en una de acción, por poner un par de ejemplos.

13 mayo 2008

Los insectoides de planeta Sargón VII han secuestrado a Meg Ryan y la han sustituido por un clon de las rebajas


Sólo así puedo explicar las pintas de la que fuera bella actriz en el bodrio que acabo de ver, “Mi novio es un ladrón” o algo así, una cosa infame en la que también sale Antonio Banderas con un peinado imposible. Si no me creen, miren bien la foto de arriba.

Lo de la Ryan es de juzgado de guardia: pensaba que ninguna cara podía desfigurarse más a causa del colágeno y la cirugía estética que la de Melanie Griffith (curiosamente esposa de Banderas), pero Meg Ryan en esta cinta la supera con creces. Como siga así, la duquesa de Alba será todo un ejemplo de naturalidad a su lado.

Como es habitual en ella, la Ryan se pega media película sonriendo… y el resultado da escalofríos: esa sonrisa antinatural parece más una mueca, y a buen seguro le servirá a la actriz para hacer de la Joker en una próxima peli de Batman. Lo que se van a ahorrar en caracterización.

Muchos pensarán que me estoy ensañando injustamente con la actriz, pero es que ya me estoy hartando de esas mujeres bellas que por ese miedo irracional a envejecer, se someten a cualquier barrabasada quirúrgica para eliminar todo vestigio de arrugas. El resultado suele ser grotesco, y lo que no entiendo es que a estas alturas, tras tantos ejemplos de lo inútiles que son las operaciones faciales de tal calibre, sigan procediendo con tanta vehemencia a este cruel proceso de barbieficazión.


Puedo entender un retoquito aquí o allá, pero lo que la Ryan o la Griffith es muñequizarse y eliminar todo rastro de expresión y, casi, de humanidad. Y como siga así, la Kidman va por el mismo camino. Soy consciente de que en el fondo son víctimas de un star-system que las condena a estar eternamente jóvenes so pena de acabar haciendo telefilmes basados en hechos reales, pero ese es otro asunto que quizá debería tratar en otro post.

(La película, por cierto, es una comedia en la que sólo te ríes con el trailer de "Superagente 86" que ponen antes, así que calculen... Una lástima que su plantel de actores correcto, en el que también están Colin Hanks o Selma Blair, haya perdido el tiempo en este telefilm con ínfulas. Pero está claro que la Ryan debe sacar dinero de algún lado para pagarse la silicona).

05 mayo 2008

Vivir con miedo
Reseña de "Todos estamos invitados"


La última película de Manuel Gutiérrez Aragón es valiente, comprometida y bienintencionada. Verla nos ayuda, si no a conocer, por lo menos a empatizar más con el llamado “problema vasco”. Pero, por desgracia, en el apartado estrictamente cinematográfico se queda corta y, sin llegar a ser una mala cinta, tiene algunos problemas que le restan credibilidad.

El film logra reflejar perfectamente que la situación de crispación continua vivida en el País Vasco no se circunscribe solamente a los ámbitos político y policial, sino que se extiende por toda la sociedad. La idea de utilizar un club gastronómico como entorno en el cual el protagonista sufrirá la primera amenaza de muerte es magistral, ya que ese ámbito tan tradicional sirve perfectamente como metáfora de Euskadi: un espacio en el que unos agreden, otros son agredidos, y el resto mira para otro lado, lo cual los convierte en cómplices por omisión.

La tesis del film es que la violencia de ETA puede afectar a cualquier persona; en ese sentido, el título de la película es muy elocuente: “Todos estamos invitados”, es decir, las amenazas nos pueden tocar a cualquiera de nosotros. El problema es que la pareja protagonista, un galán como José Coronado y una belleza italiana como Vanessa Incontrada, no casan con lo que podríamos entender como personas normales. El mensaje calaría más hondo si los protagonistas parecieran menos estrellas de cine y más gente de a pié. Y que conste que esto no es una crítica al trabajo de ambos intérpretes, porque lo hacen francamente bien; es un error de casting.


En cambio, la representación de los violentos está más lograda: Iñaki Miramón tiene un físico menudo y de aire inofensivo, y sin embargo es el que profiere a Coronado la impactante amenaza “disfruta las cocochas porque serán las últimas que te vas a comer en tu vida”. Hubiera sido un error poner a un actor con cara de villano, porque eso iría en contra de la idea de la película, es decir, que la violencia terrorista es un hecho común protagonizado por personas comunes. Por su parte, Óscar Jaenada sabe resolver el papel de terrorista amnésico que bascula entre la confusión y la ideología.

Tampoco ayuda a la credibilidad de la cinta una banda sonora del usualmente inspirado Ángel Illarramendi, que en esta ocasión llega a ser totalmente intrusivo en un par de escenas (el paseo por la playa y la persecución final). En general, la música, muy bella considerada en sí misma, resulta demasiado melódica, y a esta cinta le iba mejor una banda sonora más crispante.

La película no posee alardes fotográficos, y se aprecia cierta precipitación en la progresión dramática, no sé si a causa del montaje o del guión (probablemente una combinación de ambos). El caso es que a veces da la sensación de que las cosas suceden porque sí, o no se aportan demasiados detalles de lo ocurrido.


En suma, una cinta con buenas ideas e intenciones que se ve malograda por una ejecución que se queda a medias. Aún así, recomiendo a todo el mundo que la vea, aunque es un consejo más movido por el civismo que por la cinefilia.

(Foto: Óscar Jaenada en un fotograma de la película)