23 julio 2007


No me toquen la corona

Lo que ha ocurrido con El Jueves ha pillado a todo el mundo por sorpresa. Que a estas alturas de la película se monte tal follón por tan poca cosa resulta tan insólito como alarmante. La revista lleva décadas publicando chistes sobre la Casa Real tanto o más bestias que el de las famosa portada, sin que hasta la fecha hubiera sucedido nada. De ahí la extrañeza por el hecho de que, sin saber muy bien por qué, el juez Del Olmo se haya erigido en un paladín de la corona que ríete tú del Cid de Charlton Heston.

Lo que se echa de menos es el aluvión de muestras públicas de solidaridad con los humoristas que, en principio, suponía que se iban a producir como reacción a la posible querella contra ellos (porque la cosa no es para broma: si el caso prospera, les toca cárcel). ¿Dónde están todos esos inflamados defensores de la libertad de expresión que tanto defendieron al dibujante danés que realizó aquellas infaustas caricaturas sobre Mahoma? Sí, sí, aquellos que tanto decían que la libertad de expresión en las democracias occidentales estaba por encima de credos, creencias y demás zarandajas. ¿Qué pasa aquí: con Mahoma si nos podemos meter pero a los Borbones hay que dejarlos quietitos? ¡Qué fácil resulta convertirse en un adalid de las libertades cuando la polémica arrecia más allá de la frontera!

En mi modesta opinión, este suceso es un atropello contra la libertad de expresión. Lo peor es escuchar a algunos que intentan justificar la acción judicial aludiendo a la grosería del chiste. Porque el dibujo es verdaderamente zafio pero, ¿qué pasa, que ahora las leyes se dedican a salvaguardar las buenas maneras y a defender la fina ironía frente al humor de trazo grueso? ¿Acaso si el chiste hubiera puesto en duda a la monarquía de una manera más elegante no se habría producido el follón? ¿Qué ha motivado el proceder del juez: que el dibujo mostrara a sus majestades haciendo uso del matrimonio, o que el texto aludiera a su peculiar estatus laboral?

Me temo que es por lo primero, y es que aquí vamos de liberales y nos metemos mucho con el puritanismo de los estadounidenses, pero en el fondo somos iguales. Si exactamente el mismo texto del chiste lo hubieran escrito en un dibujo con los dos personajes vestidos y sentados en un sofá, probablemente no se habría montado el lío y la viñeta habría pasado sin pena ni gloria. Y fíjense que yo, particularmente, creo que lo verdaderamente salado del chiste está en el texto, no en su ilustración…

(Imagen: Comunicado publicado en la web de El Jueves propósito de todo este embrollo)
¡El búho ha vuelto!

Han sido unos cuantos meses en silencio, por razones de lo más variadas: una mudanza, exceso de trabajo, falta de conexión a Internet. Pero finalmente, este blog vuelve a abrir, y esperamos que con más regularidad que en sus últimos tiempos.

14 diciembre 2006

¡Por fin un Oscar para Morricone!

La Academia de Cine de Hollywood por fin se ha puesto las pilas y ha anunciado que le entregará un Oscar honorífico al compositor Ennio Morricone (apodado por muchos como Gennio Morricone). A pesar de ser uno de los mejores músicos de cine de la historia, con un estilo muy personal, reconocible y muy imitado (y parodiado), hasta la fecha no había recibido la figurita dorada de marras pese a sus muchas nominaciones.

La historia de Morricone con los oscars es amarga y caracterizada por el maltrato, ya que siempre que fue nominado era el favorito y en el último momento ganaba otro. Por supuesto, una figura de su calibre está por encima de premios y honores, pero como aficionado a las bandas sonoras, me resulta descorazonador comprobar la nómina de premiados de los últimos años, en los que constan autores claramente inferiores. Claro que ese es otro argumento más para dejar de darle pábulo a unos premios cada vez más irracionales y marcados por el marketing.

Morricone es un autor de marcada personalidad, algo inusitado en el mundo de la banda sonora, ya que lo usual es que el compositor trate de amoldar sus rasgos personales a la imagen y, en cierta medida, desaparecer bajo los fotogramas. En cambio, el estilo de Morricone es inigualable y perfectamente distinguible a la primera nota.

O mejor debería decir los estilos, ya que a lo largo de su carrera, que superar las 300 partitura spara cine, ha sido capaz de desarrollar diferentes sonoridades: sus arrebatadoras melodías románticas; sensuales temas con la voz solista de Edda dell'Orso, disonancias para los films terroríficos de Dario Argento; tensas composiciones para thrillers políticos y policíacos… y claro, el spaghetti western, del cual es maestro, pero que a larga creo que ha resultado contraproducente para él, ya que todos lo identifican con ese estilo, pese a que no debe representar ni un 5% del total de su producción. A mí también me parece que "La muerte tenía un precio" es uno de los temas más chulos (en el sentido de calidad, y también en el de chulería) de la historia del cine. Pero Morricone es mucho más.


Además, es admirable su impresionante ética de trabajo, pues raro es el año que no nos deja un mínimo de cinco partituras. Y ojo: todas, de principio a fin, orquestadas por él, sin ninguna colaboración. Cierto es que ello supone una calidad desigual y "parecidos razonables" entre obras, pero, en todo caso, una obra mediocre de Morricone es muy superior a la de muchos compositores consagrados de la actualidad, ¿verdad, Hans?


En todo caso, aunque sea tarde, la Academia de Hollywood repara una histórica injusticia en sus galardones. Y es la segunda vez que lo hace con un compositor, ya que en los años 80 también se le concedió un oscar honorario al gran Alex North, otro compositor fundamental de la historia del cine que tampoco había sido premiado. Eso sí: por una vez los europeos nos adelantamos a los americanos, ya que esa cosa rara de la Academia del Cine Europeo concedió su premio honorario a Don Ennio hace unos añitos.


Como se dice en estos casos: ¡Bravo Maestro!